Un loco. Un filósofo. Un rebelde.
Y uno de los hombres más peligrosos que han tocado una lomita.
Todo empezó cuando Boston intercambió a su mejor amigo.
Lee explotó.
Renunció a mitad de temporada, arrancó el teléfono de la pared, salió gritando por el clubhouse:
“¡Acaban de tirarnos el banderín!”
Volvió al día siguiente con una playera que decía:
“La amistad primero. La competencia después.”
Luego los Red Sox lo cambiaron por un tal Stan Papi.
Uno a uno.
El trade más ridiculizado en la historia de Boston.
Lee se rió y soltó una frase que nadie entendió… pero sonó perfecta:
“¿Quién quiere estar en un equipo destinado a ser recordado como los Phillies del ’64 o los Árabes del ’67?”
Ni él sabía qué quiso decir.
En Montreal ganó 16 juegos…
y luego se cayó por la ventana del segundo piso intentando sorprender a una mujer.
Cayó sobre una reja.
Jugó igual.
Pero lo cortaron un año después, porque abandonó el estadio EN UNIFORME para irse a tomar cerveza al bar en protesta por el despido de un compañero.
¿Retirarse?
No el Spaceman.
Siguió lanzando por el mundo:
Cuba. China. Ligas de cerveza en Vermont.
A los 65 tiró un juego completo y remolcó una carrera.
A los 74 lanzó en Canadá.
A los 75, calentando con los Savannah Bananas… su corazón se detuvo.
Cayó en el montículo.
Sin pulso.
Los paramédicos lo revivieron.
Dos veces.
Al día siguiente preguntó si podía abrir el juego.
Volvió al campo semanas después.
Y fuera del diamante fue igual de absurdo que dentro:
Escribió 4 libros.
Protagonizó una película sobre sí mismo.
Se lanzó para Gobernador de Vermont.
Propuso eliminar la frontera entre EE.UU. y Canadá.
Dijo que salvó a Bernie Sanders de morir ahogado.
Nadie sabe si era broma.
Él tampoco.
Hoy es miembro del Red Sox Hall of Fame, leyenda de los Savannah Bananas, abridor de Serie Mundial y probablemente el jugador más extraño en la historia del béisbol.
Tiene 77 años.
Sigue lanzando.
Sigue quejándose.
Sigue siendo el Spaceman.
Cuando talento, rebeldía y locura se mezclan… nace Bill Lee.
El único jugador que, literal, ni la muerte pudo sacar del juego.








0 comentarios:
Publicar un comentario