En el año 1953, la Universidad de Santo Domingo (USD), hoy UASD, el departamento atlético de ese centro de estudios, bajo la dirección de Horacio -El Rabbit- Martínez, organizó un torneo interno de baloncesto que despertó el interés de autoridades y estudiantes.
En ese mini campeonato, inaugurado el 3 de marzo de ese año, participaron los equipos Medicina, Derecho, Ciencias Exactas y Odontología. Y el mismo tuvo como sede la cancha del Campus Deportivo de la USD, principal escenario para la práctica del basket en esa época.
El quinteto de Derecho tuvo una nómina integrada por Pedro Guillermo Delmonte, Fernando Forteza, Fabio Fiallo, Pablo Emilio Paulino, Silvano Lora (luego excelente pintor), José La Hoz, Tomás Oviedo (el mejor jugador de basket de Azua), Antonio Leyba y Félix Delmonte.
Ese equipo tenía a Rafael Flores Mota como su dirigente y a la luego heroína nacional Minerva Mirabal Reyes, en calidad de madrina.
Desde esa trinchera empezó la guerra soterrada de Mirabal Reyes, tratando de derribar la tiranía trujillista, que a la sazón tenía 23 años en el poder. Ella iba a cumplir 27 años al momento de la inauguración del campeonato en la USD (26-3-1926).
Allí empezó a distribuir volantes a escondida contra el régimen. En 1955, a raíz del país asistir a los II Juegos Deportivos Panamericanos, a los que República Dominicana viajó sólo con el equipo femenino de voleibol y el béisbol, entregó a varios miembros de la delegación algunos volantes alusivos a la tiranía, uno de los cuales llegó a manos del sanguinario Johnny Abbes García, quien estaba en Ciudad de México, sede de la cita continental, en ‘cursos sobre espionaje’, convenciendo al sátrapa de crear un organismo represivo y lo logró: el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), que llevó luto y dolor a muchos hogares de la época.
Mirabal Reyes no solo brilló en el área política directamente, sino que, el deporte sirvió de trampolín para llegar a la población.
Esta información a raíz de festejarse hoy el 'Día Internacional de la NO Violencia contra la Mujer'.
Gracias Minerva por su lucha detrás del deporte.
¡Loor a Minerva Mirabal!









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