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| La corredora Liranyi Alonso cuando dio la medalla de oro a la República Dominicana en los Juegos Deportivos Panamericanos Juveniles. |
Por Alberto Kannon.-
SANTO DOMINGO, República Dominicana.- ¿Demasiado negra para ser dominicana? La joven velocista Liranyi Alonso enfrenta una reacción racista a pesar de su histórica victoria en Japón.
Cuando la velocista dominicana de 19 años, Liranyi Alonso Tejada, cruzó la meta en Tokio, clasificándose para las semifinales del Campeonato Mundial de Atletismo de 2025, hizo historia para su país. Sin embargo, pocas horas después de su victoria, la celebración se tornó en algo mucho más desagradable.
En lugar de ser aclamada como una heroína nacional, Alonso se encontró en el centro de una tormenta racista, no por parte de críticos internacionales, sino de su propio pueblo.
Trolls en línea inundaron sus redes sociales con insultos, comparaciones denigrantes y amenazas. Su mensaje era escalofriante: no era lo suficientemente dominicana para representar a la nación.
Los insultos no provenían de extranjeros, sino de compatriotas dominicanos, una amarga ironía para una joven que, apenas unos días antes, se había envuelto en la bandera de su país.
Sus palabras, crudas y contenidas, resonaron como un espejo nacional. Nacida en Santo Domingo y criada en un barrio obrero de la capital, Alonso ya se había labrado un lugar en la historia del deporte dominicano. Posee récords nacionales en los 60 y 100 metros, y su medalla de oro en los 200 metros en los Juegos Panamericanos Juveniles de 2025 consolidó su estatus como la mujer más rápida del país.
En Japón, arrasó en las series de los 100 metros hasta llegar a las semifinales, una hazaña poco común para una atleta de la nación caribeña. Pero mientras los titulares internacionales elogiaban su desempeño, las redes sociales en su país se tornaron hostiles.
En publicaciones que celebraban su éxito, algunos usuarios se burlaban de su tono de piel, su cabello y sus rasgos faciales. Algunos incluso llegaron a cuestionar si era haitiana, un insulto frecuentemente utilizado como arma en la sociedad dominicana, donde el sentimiento antihaitiano y el racismo tienen profundas raíces históricas.
Para cuando el Comité Olímpico Dominicano intervino, Alonso había recibido amenazas de muerte lo suficientemente graves como para requerir la intervención policial. Desde entonces, ha restringido sus perfiles en línea y ha comenzado un tratamiento psicológico para superar el trauma. La controversia en torno a Alonso ha reabierto viejas heridas en la República Dominicana, un país donde la identidad racial sigue siendo un tema delicado.
Aunque la mayoría de los dominicanos son de ascendencia africana y europea, la negritud ha sido estigmatizada durante mucho tiempo, a menudo negada o minimizada mediante eufemismos como «indio claro». Esta tensión se remonta a la historia colonial y a la compleja relación del país con la vecina Haití.
La Dra. Miguelina Estrella, socióloga dominicana especializada en raza y cultura, explicó en una entrevista televisada: «A los dominicanos se les enseña a enorgullecerse de su bandera, pero a distanciarse de sus raíces africanas. Cuando alguien como Liranyi se presenta ante el mundo sin complejos como persona negra, obliga al país a confrontar su propia negación».
Esta confrontación se está desarrollando ahora en tiempo real en internet. El hashtag #LiranyiEsDominicana se ha viralizado en X (antes Twitter), con más de 50.000 publicaciones al 19 de octubre. Muchos usuarios, especialmente jóvenes dominicanos, la defienden del odio y exigen que el gobierno aborde la discriminación racial de manera más directa.
Para Alonso, la experiencia ha sido dolorosa y esclarecedora a la vez. Fuentes cercanas a su equipo afirman que se está centrando en su recuperación y que podría aplazar su participación en competiciones hasta 2026.
Su historia, sin embargo, ya ha trascendido el ámbito deportivo. Se ha convertido en un caso de estudio sobre cómo las naciones lidian con su imagen al enfrentarse a la realidad del racismo.
La República Dominicana no está sola en esta lucha, pero la reacción negativa contra Alonso, una joven cuyo único "delito" fue destacar siendo negra, pone de manifiesto una verdad incómoda: la representación no termina con la visibilidad; comienza con la aceptación.
Hasta que eso ocurra, atletas como Alonso seguirán cargando con el doble peso del rendimiento y la demostración de fe: no solo compiten contra el reloj, sino también contra el prejuicio mismo. La tragedia en la historia de Liranyi Alonso no reside en haber sufrido racismo, sino en haberlo sufrido en su propio hogar. Su calvario revela la profunda arraigada discriminación por color de piel en comunidades que comparten la misma bandera y ascendencia.
La República Dominicana debe decidir si su orgullo por la diversidad es simbólico o sincero. Hasta entonces, jóvenes atletas como Alonso seguirán esforzándose al máximo para alcanzar una meta que, por ahora, se presenta como una cuesta desgarradoramente empinada.












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