De esta manera instruía a sus tropas el rebelde, irreverente, mal hablado y peor portado, general estadounidense George S. Patton, quien en 1945 orinara solemnemente en el río Rin, cuando sus tropas lo cruzaron rumbo al herido corazón de Alemania.
A pesar de su aparente y desafiante soberbia tenía la suficiente humildad para reconocer que en la Historia había grandes personajes cuyos consejos le podían servir, por esa razón siempre llevaba consigo un ejemplar de Comentarios a la Guerra de las Galias, cuyo autor fue Julio César.








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