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jueves, 27 de noviembre de 2025

Kevin Costner no pudo contener las lágrimas en homenaje a Whitney

Kevin Costner no pudo contener las lágrimas en Cannes.


SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Cuando las luces se atenuaron en Cannes y la voz de Whitney Houston se elevó a través del teatro como una oración, Kevin Costner se sentó completamente quieto. La canción que una vez había definido su amor en la pantalla ahora llevaba recuerdos que había guardado durante décadas. Mientras las notas llenaban la habitación, algo dentro de él se abrió. No escondió sus lágrimas. Los dejó caer, silenciosamente, libremente, como si cada uno cargara con el peso de una amistad que le había moldeado mucho después de que el mundo dejara de mirar.
A su alrededor, la audiencia sintió el cambio. El momento ya no era solo una proyección de película, se convirtió en una especie de comunión. Los que estaban sentados cerca dijeron más tarde que cuando la voz de Whitney barrió la pantalla, la presencia de Kevin cambió el aire mismo. No estaba viendo una actuación. Recordaba a una mujer que había confiado en él, se apoyó en él, se rió con él, y le permitió ver su corazón más allá del glamour. Fue dolor, sí, pero también gratitud. Era la mirada de un hombre volviendo a visitar un pedazo de su alma.
Cuando la película terminó, la habitación no se quedó en silencio. En lugar de eso, estalló en aplausos que parecía surgir de algo más profundo que la admiración. La gente se mantuvo de pie, fila tras fila, hasta que todo el teatro estaba de pie. La ovación duró siete minutos, un trueno tributo no sólo a la película sino al legado de una voz que alguna vez había conmovido al mundo. Y Kevin, todavía limpiando lágrimas de su rostro, parecía superado, no por los elogios, sino por el amor que la gente todavía tenía por Whitney.
Cuando el aplauso finalmente se desvaneció, Kevin dio un paso adelante con una especie de fuerza frágil. Agradeció a la audiencia, pero sus palabras eran suaves, formadas por la emoción que no podía ocultar completamente. En ese momento, Cannes ya no era un salón de festival sino un lugar de recuerdo. Fue un recordatorio de que el arte sigue vivo, que el amor perdura, y que algunos lazos —especialmente los que se forjan en verdad y confianza— nunca se desvanecen. Lo que el mundo presenció esa noche no fue solo un tributo. Era un hombre honrando a una mujer que lo había cambiado para siempre, y una leyenda cuya voz nunca dejará de hacer eco a través del tiempo.

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