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lunes, 24 de noviembre de 2025

"Yo sólo quería descansar...", dijo un hombre cansado




“Yo solo quería descansar…” — dijo un hombre cansado.
Y nunca imaginó que la muerte lo escucharía.
Lo trabajaba todo.
Lo cargaba todo.
Se quejaba de todo.
Del trabajo.
De su esposa.
De la comida repetida.
De su hija que solo quería jugar con él.
De su padre que intentaba aconsejarlo.
“Estoy harto… quiero paz”, murmuraba cada noche.
Hasta que un día, la muerte le respondió:
— Vengo por ti. Dios escuchó tus quejas. Dijiste que estabas cansado… y tienes razón. Es hora de descansar.
El hombre, sorprendido, preguntó temblando:
— Pero… ¿qué va a pasar con mi vida?
La muerte le contestó con calma:
— En tu trabajo ya pusieron a otro. Está feliz, llevaba meses sin empleo.
— A tu esposa la vida le envió un hombre bueno, que sí agradece sus guisos.
— Tu hija ahora juega con alguien que jamás llega demasiado cansado para ella.
— Y tu padre… llora todos los días por no haberte dado un abrazo más.
Lo llevaron… así.
Como en la imagen.
Sin ceremonia, sin aplausos, sin tiempo extra para despedidas.
Un ataúd en una grúa porque la vida —esa que él decía que pesaba— se le fue sin avisar.
Y en medio de todo, él gritaba:
— ¡NO QUIERO MORIR! ¡QUIERO VIVIR!
¡Quiero besar a mi hija!
¡Quiero abrazar a mi padre!
¡Quiero agradecerle a mi esposa lo que nunca valoré!
¡NO ESTOY LISTO!**
Pero ya era tarde.
Hasta que… despertó.
Era un sueño.
Una segunda oportunidad disfrazada de advertencia.
Se levantó, besó a su hija, abrazó a su esposa, llamó a su padre…
y entendió algo que solo comprenden quienes han visto su “propio final”:
La vida es pesada hasta que entiendes que también es un regalo.
Y que no siempre habrá otra mañana para valorarla.
Tomado del muro de

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