Alberto Bettiol (XDS Astana) sorprendió a sus acompañantes en la fuga de la Etapa 13 del Giro d’Italia 2026 con las mismas cualidades con las que se hizo grande en el Tour de Flandes o alzó los brazos hace cinco años en Stradella, en la Corsa Rosa de 2021, en un recorrido similar al que conducía al pelotón hasta el Lago Maggiore y Verbania. Inteligencia, dominio de sus fuerzas y habilidades tremendas sobre la bici para un triunfo de bandera. O mejor dicho, dos. Ahora explicamos por qué.
Hay que hablar de cómo se gestó la fuga del día, y sobre todo del nudo de la jornada. Porque el cansancio ya se va notando en las piernas tras dos semanas, y hace presagiar que mañana en Aosta todo estallará por los aires. Se van hasta tres grupos distintos sin que nadie sea ya capaz de detenernos como en días anteriores. Se queda el pelotón en ‘cuatro y el del tambor’ en cuanto se sube una tachuela (37 hombres juntos en meta hoy). Y las escapadas se van hasta los ¡13 minutos!, en una clara reserva de fuerzas para el ‘tappone’ del sábado.
Volando sobre un mar de cuadros
Eso no quita ningún mérito a los 15 aventureros que cruzaron los arrozales de Vercelli a toda velocidad (¡49 km/h de media total!) y se lanzaron después al inevitable desenlace en la Tudor Timed Climb de Ungiasca. Allí se lanzó a por el ‘muro’ el campeón noruego Andreas Leknessund (Uno-X Mobility), que llegó a tener diez segundos sobre Bettiol. Pero el muro volvió a escupirle.
Alberto, que en meta explicaría lo bien que conocía la ascensión, que había recorrido en moto y visualizado mil veces en una grabación, lo remachó en la última rampa y se fue volando. Sus trazadas en las curvas del descenso son un tratado de control fino del manillar. 26″ de ventaja en meta, con Jasper Stuyven (Soudal Quick-Step), primero del grupo de los derrotados y tercero en la llegada.
La sonrisa que Bettiol y Eulálio conservarán para siempre
Entonces, ¿por qué hablábamos de dos victorias? Pues porque Bettiol lo dijo él mismo en sus declaraciones en meta. “Estaba toda mi familia, mi familia política también. Mi novia es de Verbania, esta es mi segunda casa. Tener a todos aquí: mi hermano, mis padres, mi gente… que siempre están cerca. Ha sido una victoria. y ganar así es algo que voy a tener conmigo para simepre, un recuerdo increíble. No importa si gané hace dos años o más. Si gane así, no me importa esperar dos años”.
Afonso Eulálio (Bahrain Victorious) ríe hoy, porque sabe que su caché y consideración entre público y expertos ha aumentado, y quizá también porque mañana sabe que, camino de Pila (Gressan), le toca sufrir y quién sabe si conceder su Maglia Rosa. El camino, en cualquier caso, ha merecido de sobra la pena.








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