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miércoles, 11 de febrero de 2026

S.M. Willmore: Cuando 13 minutos bastan para sacudir a todo un país

Bad Bunny durante su presentación en el Super Bowl.


Por Susan M. Willmore.-

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Aunque muchos no entendieron sus palabras, el mensaje fue imposible de ignorar.
El Super Bowl 2026 no fue solo un show. Fue una declaración.
Nos dio el primer medio tiempo completamente en español.
Nos dio a Benito adulto abrazando a su niño interior frente al mundo.
Nos dio balbuceo.
Nos dio reguetón de la vieja escuela con ecos de Tego Calderón y Daddy Yankee.
Nos dio perreo y dembow sin pedir permiso.
Nos dio a Pedro Pascal, el papucho universal.
Nos dio jornaleros en la pizca.
Nos dio a Lady Gaga bailando y cantando salsa.
Nos dio a Ricky Martin, nuestro crush eterno.
Nos dio una boda real.
Nos despertó recuerdos de quedarnos dormidos en sillas de fiesta.
Nos habló del valor de aventarse de espaldas, con fe.
Nos dio ritmo urbano.
Nos dio una clase de geografía nombrando a Latinoamérica.
Nos lanzó un mensaje directo contra la discriminación y la opresión.
Nos mostró un balón con una frase clara: “Together we are America”.
Fue protesta disfrazada de espectáculo.
Fue identidad convertida en escenario.
Fue orgullo latino sin traducción.
Y aunque su música no sea de tu agrado, hay una verdad que retumba más allá del gusto:
“Si estoy aquí es porque nunca dejé de creer en mí.
Así que tú también tienes que creer en ti.”
Se plantó en uno de los eventos más gringos del planeta…
y lo usó para exponer la cultura latina.
No te dio pronunciación perfecta.
No te dio afinación académica.
No te dio dicción pulcra.
No te dio el medio tiempo “ideal” según los puristas.
Y no, no te va a dar jamás lo que esperas de él.
Pero sí nos dio algo que pocos logran:
Hacer que todos hablaran.
Incluso un presidente salió a decir que fue “horrible”.
Y aun así… llegó donde muy pocos llegan.
Porque aquí aplica una sola regla:
hablen mal o hablen bien… lo importante es que hablen.
Amamos al Conejo Malo no por la técnica,
sino por regalarnos un espectáculo cargado de nostalgia, identidad y memoria colectiva.
Cuando solo tienes 13 minutos
y decides usarlos para representar a millones:




¿Estamos de acuerdo en algo?
El mensaje sonó fuerte y claro.
No por su voz…
sino por todo lo que representó.

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