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| El esloveno Tadej Pogacar, maillot amarillo del Tour de Francia, junto a varios co-equiperos del UAE Emirates-XRG. |
Por Raúl Bretón.-
Cronista deportivo.-
El ciclismo muchas veces suele ser predecible. Finales sin misterios ni sorpresas porque el protagonista de turno impone y dicta sobre el trayecto. Otras veces este deporte se torna premonitorio, eso que se sabe que sucederá pero no cuándo, dónde y cómo. }
Esta vez Tadej Pogacar nos sorprendió a todos cuando sentenció el Tour de Francia en el amanecer de las etapas inclinadas. Un demoledor ataque en las montañas de Tourmalet restando algo más de 40 kilómetros, fue suficiente para convertir el resto de la carrera más importante del ciclismo en un mero trámite en donde solo se disputaron las siguientes clasificaciones.
Pogacar es un genio en un deporte en donde muchos sólo ven resistencia, fuerza y tecnología. Él va más allá. Piensa, calcula y ejecuta, dosificando esfuerzos, sin cometer excesos, y cuando decide el momento preciso de la escapada final, tras alcanzar su velocidad crucero en la inclinación, ‘mira pa’ un lado, mira pa’l otro y no ve a nadie’, todo dentro de la normalidad: plato grande 54 dientes, pequeño de 40. Piñón que va de 11 a 34, pero dueño de una privilegiada capacidad física que le permite sostener ritmos de potencia muy superiores al resto del pelotón en ascensos prolongados, con una frecuencia cardíaca propia de los privilegiados que le permite consumir menor cantidad de grasas, manteniendo un bajo impacto de consumo glucógeno ahorrando así enormes cantidades de energía.
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| El mexicano Isaac del Toro y su jefe de fila Tadej Pogacar quien viste de amarillo como líder del Tour de Francia 2026. |
Su caso es muy similar al de Miguel Induráin en su momento. Sencillamente excepcional. Pogacar ya se sienta en la misma mesa de Eddie Merckx, Jaques Anquetil, Bernard Hinault y Miguel Induráin, ganadores de cinco Tour de Francia. Es la real amenaza que tiene el histórico ‘Caníbal’ (Merckx) para disputarle el trono de mejor ciclista de todos los tiempos.
A sus 27 años, Pogacar no solo tiene el calendario a su favor, también la extraordinaria capacidad de resistencia para saberse el ganador del Tour en la primera de las tres semanas de competencia, para luego convertirse en gregario de su compañero de equipo, el mexicano Issac del Toro, para que concluyera en el podio de la clasificación general.
También fue ayudante y lanzador de su amigo Mathie Van der Poel en la adoquinada última etapa en el circuito parisino. El verdadero secreto de Pogacar no reside en su demoledor ataque en la montaña, ni en su sprint de kilómetros finales en esfuerzo prolongado, ni en su extraordinaria cadencia en la contrarreloj, ni en capacidad de adaptación a múltiples y variados terrenos.
El verdadero protagonista que guarda el éxito de Pogacar habita en su asombrosa capacidad de recuperación física tras extenuantes esfuerzos que le permite soportar con facilidad la fatiga extrema, gracias a una baja frecuencia cardíaca de 37 pulsaciones en descanso, y una enorme capacidad de transportar oxígeno a sus músculos que lo colocan en un rango privilegiado de 96 ml/kg/min cuando el resto de los mortales rondamos en promedio los 35 a 45 ml/kg/min.
Pogacar solo compite contra la historia. A Jonas Vingegaard y a Remco Evenepoel los ve muy lejos desde el retrovisor.









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