Por Gina Mambrú.-
Especial para deciclismoymas.com.-
Hoy no solo cumplo una cifra; hoy celebro el viaje.
Miro hacia atrás y veo a la niña que empezó con un sueño y a la mujer que, durante más de dos décadas, entregó su piel y su corazón en cada set, defendiendo con orgullo los colores de su bandera. Esos años en la cancha no solo me dieron medallas, me forjaron el carácter, me enseñaron que la verdadera fuerza no está en los músculos, sino en la capacidad de levantarme después de cada caída.
Llego a mis 40 con las manos llenas de gratitud.
Agradezco por cada batalla ganada y, sobre todo, por las que perdí, porque ellas me prepararon para este presente. Hoy mi campo de juego ha cambiado: las aulas, la comunicación y el compromiso social son mis nuevas redes por superar.
Me emociona saber que sigo aprendiendo.
Llevo conmigo una brújula que nunca falla: el legado de mi adorado padre. Sus palabras resuenan hoy más fuerte que nunca: “hay que tener palabra”. Esa integridad es la que guía mis pasos en esta nueva etapa, donde la ética digital y la responsabilidad social son mis nuevos objetivos.
Gracias, Dios, por permitirme llegar hasta aquí. Por enseñarme que se puede ser guerrera con la misma intensidad con la que se es estudiante, líder y soñadora.
Recibo esta década con los brazos abiertos, feliz y consciente de que lo mejor está por venir, con la fe intacta y la convicción de que, mientras haya propósito, siempre habrá un motivo para luchar.
¡Felices 40 para mí!







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