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miércoles, 19 de agosto de 2026

Respuesta de Roberto Cassá a la Asociación Dominicana de Profesores

El historiador Roberto Cassá es el director del Archivo General de la Nación (AGN).


Por Roberto Cassá.-

Director AGN.-


SANTO DOMINGO, República Dominicana.- A partir de las declaraciones de dos de los máximos dirigentes de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), se ha de llegar a la conclusión de que, como entidad, ha decidido cuestionar en bloque a los libros de texto de Sociales del programa Libro Abierto del Ministerio de Educación. En palabras de uno de ellos, los libros desnaturalizan la historia dominicana por cuanto se adecúan a una agenda contraria al interés nacional, que incluye la fusión con Haití. Por lo que se infiere de estas declaraciones, extienden la descalificación a todos los libros elaborados dentro del referido programa.

         Con posterioridad, según detalla un reportaje en el Listín Diario, el 14 de agosto la entidad difundió los resultados de un pretendido estudio de los referidos libros bajo el título “Informe de evaluación curricular del Libro Abierto en el período 2025-2026”. Queda evidente que el propósito de la ADP no ha sido otro que examinar los libros de Ciencias Sociales del programa Libro Abierto, no una evaluación en sí del currículo de estudios vigente.

            La conclusión del referido estudio coincide con lo enunciado por los dos dirigentes en cuanto a una descalificación de los libros del Ministerio de Educación en coordinación con otras entidades. Se llega a la conclusión general de que los libros en su conjunto tienen por efecto “la degradación de la historia dominicana” y “el debilitamiento de la identidad nacional de los alumnados”. Más adelante, según el mismo reportaje, se asevera que “[…] se evidencia un sesgo progresivo que posterga y diluye el estudio de la Historia Nacional frente a paradigmas globales y sociológicos abstractos. Este enfoque genera un vacío cognoscitivo en el alumnado que afecta de manera directa la apropiación de la identidad nacional, los símbolos patrios, la conciencia histórica de la dominicanidad y el pensamiento crítico soberanista”.

            Es pertinente preguntarse por qué la ADP restringe su censura al programa Libro Abierto y no se refiere a los textos preparados por editoras privadas, los cuales no solamente se adecúan al currículo vigente, sino que algunos de ellos contienen elementos que podrían ser objeto de censura desde el ángulo esgrimido, supuestamente opuesto a la soberanía nacional, etc. ¿Por qué tal encarnizamiento a una de las iniciativas novedosas más loables que ha tenido el Ministerio de Educación durante largo tiempo?

        El argumento se reitera varias veces, por lo que en lo citado se encuentra el nervio del cuestionamiento. Ahora bien, como el Archivo General de la Nación tuvo a su cargo la confección de libros del ciclo de secundaria de Ciencias Sociales, conviene citar lo que observan sobre ellos. En los tres primeros libros (Primero, Segundo y Tercer grado) registran un sesgo hacia la historia universal y la geografía mundial y de América. En realidad, esto no es un producto de los libros sino en la medida en que se atienen en lo fundamental al currículo vigente. El currículo actual tiene no pocos aspectos susceptibles de reformulación y mejoría, como se detallará más abajo, pero el énfasis en la historia universal y de América en sí no constituye un error, sino una opción que recoge la importancia del conocimiento de los procesos mundiales y americanos (incluida la zona del Caribe). La historia nacional se hace ininteligible si no está conectada con la de América y el mundo, algo que los expertos de la ADP de hecho ignoran o recusan. 

Además de dirigir el Archivo General de la Nación, Roberto Cassá, es autor de una gran cantidad de libros.


De igual manera, la imputación de énfasis en teorías generales da cuenta de una incomprensión acerca de cómo se conoce la historia, necesariamente con ayuda de visiones generales, aunque puedan tener orientaciones diametralmente opuestas.

En cuanto a los libros de los niveles Cuarto, Quinto y Sexto los enjuiciamientos continúan el sesgo de la condena en bloque. Conviene citar lo referido a esos tres libros: “El tratamiento histórico presenta fragmentación conceptual. Los contenidos se analizan bajo marcos teóricos contemporáneos (globalización, diversidad cultural, dinámicas migratorias regionales) que soslayan el análisis riguroso de la soberanía nacional, la integridad territorial y los conflictos históricos dominicohaitianos que moldearon el nacimiento de la patria”.

Solamente se explica que se llegue a absurdos tan garrafales por la inclusión de una agenda ajena a un interés genuino por el desarrollo auspicioso de la educación en nuestro país.

            En verdad, como puede comprobar quien lea los libros, tres de ellos publicados en papel, en especial los de los niveles quinto y sexto, focalizados en la historia dominicana (junto a la geografía y otros aspectos), lo que contienen es exactamente lo contrario de lo que pretenden los dirigentes de la ADP. Lo puedo afirmar de manera categórica porque por encargo del anterior ministro Ángel Hernández me correspondió coordinar el equipo conformado por el AGN y ser autor de los contenidos de dos de los libros mencionados.

            En cuanto a mí, como historiador, en ningún momento he dado señales de adecuarme a una pretendida agenda antinacional. Por el contrario, siempre he puesto de relieve la lucha de los dominicanos por la libertad y la igualdad, como componente de la formación del pueblo y la nación. En particular, respecto a la acusación falaz de promover una fusión con Haití, basta leer la serie de artículos que publiqué hace cierto tiempo en el diario digital Acento.  

            Estos libros no se hicieron de manera antojadiza, sino conforme a una metodología elaborada por técnicos del Ministerio de Educación, en particular vinculados al proyecto. De igual manera, se elaboraron conforme al currículo vigente y a procedimientos pedagógicos contemplados en él. Desde luego, la confección de un libro de texto por necesidad trasciende los marcos definidores de un currículo, puesto que sus autores quedan con la potestad de imprimir énfasis y hacer las reflexiones analíticas que juzguen convenientes sobre la base de no contradecir los datos relativos a hechos y procesos. Esta relación se cumplió a cabalidad en los libros elaborados por el AGN, dos de los cuales recibieron el apoyo del ministro ante cuestionamientos que se les presentaron, en algún aspecto en dirección contraria a la de la ADP.

Escribir un libro de texto requiere un sentido sólido de responsabilidad, por cuanto implica llevar contenidos a niños y jóvenes en proceso formativo. Se requiere adecuarse a los hechos y procesos y realizar los análisis que contribuyan a una explicación lo más ajustada posible a la realidad. De manera inevitable interviene la subjetividad de los autores, pero esta debe responder al dictamen del acercamiento a la verdad y al cometido de contribuir al desarrollo cultural y, en particular, de la conciencia histórica de los educandos.

Los seis libros preparados por el equipo del AGN están articulados al currículo y a los procedimientos estipulados en el programa Libro Abierto. Entre otros componentes, se puso el énfasis en un conjunto de procedimientos pedagógicos tendentes a que el educando interiorice mejor los contenidos y se coloque en condiciones de desarrollar criterios propios resultados de su reflexión. Al tiempo que se ajustaron al currículo en los términos definidos por el propio Ministerio, cada autor y cada participante en diversas labores, en especial las pedagógicas y de recursos informativos de apoyo gozaron de la potestad de introducir perspectivas propias. El currículo no debe constituir una camisa de fuerza, sino un medio de orientación de contenidos básicos imprescindibles y de recursos prácticos para alcanzar los propósitos de información e interpretación.

Ya he afirmado que el currículo entonces vigente presenta debilidades importantes y debe ser objeto de reformulaciones. No es este el momento indicado para dilucidar el tema. Pero, en la medida en que el currículo no es una camisa de fuerza, y está abierto a aplicaciones y desarrollos, los libros pudieron confeccionarse de manera adecuada. Varios de los involucrados en el proceso habíamos tenido relación con la confección de libros, tanto para el propio Ministerio (entonces Secretaría), durante la gestión de la profesora Jacqueline Malagón, como para empresas privadas. Puedo afirmar que, a pesar de algunas dificultades, como los espacios limitados para la exposición de contenidos, estos libros de Libro Abierto han supuesto una mejoría considerable respecto a la generalidad de los que se elaboraron con anterioridad. En particular, aunque en todo momento primó la labor colectiva, los autores gozaron de la capacidad para definir contenidos y formas de exposición. En ningún momento, autoridades del Ministerio intentaron condicionar contenidos, lo que descarta un propósito grupal preconcebido de desnaturalizar la historia dominicana. Lo importante reside en que, en la práctica, el libro de texto define el currículo, como lo expuso en la experiencia previa referida el profesor Andrés L. Mateo.

Invariablemente, los libros parten de criterios de historia social, definiendo marcos de los sistemas productivos y las clases y otros sectores sociales que inciden en los procesos. El desacuerdo de la ADP con la metodología científica pone en tela de juicio la solvencia de sujetos elevados al rango de sus dirigentes máximos. En el tratamiento de la historia dominicana se procuró dar cuenta lo más detallada posible de los procesos políticos articulados a las estructuras sociales. En la medida que el espacio lo posibilitaba, se abordaron igualmente temáticas culturales y de otros géneros. Carece de veracidad que haya ausencias fundamentales que impiden una intelección racional del proceso histórico. Ahora bien, un libro de texto, por necesidad, no puede englobar todos los contenidos deseables, a causa de su misma función. Para esto, se vale de recursos adicionales, como referencias a lecturas e informaciones, lo que está presente en los seis libros del equipo del AGN.

Los alegatos de la ADP, además de inconsistentes, están plagados de falacias. Es el caso de la acusación temeraria de que se favorezca la fusión con Haití o se desconozcan las luchas contra el dominio haitiano. Todo lo contenido en el libro de Quinto desmiente la aseveración. En la página 123 del libro de Quinto curso se consignan las atrocidades cometidas por las tropas haitianas en la invasión de 1805. Respecto a la entronización del régimen haitiano de ocupación en 1822, se especifica en la página 127 que los llamamientos en que el presidente haitiano pretendió legalizar el dominio sobre los dominicanos se hicieron en la capital haitiana y firmados en todo caso bajo presión. Se especifica, por ejemplo: “Cundió el miedo en esas comunidades matizado por la remembranza tenebrosa de la invasión de 1805”. En cuanto al desempeño del régimen haitiano, en la página 129 se detalla la resistencia de los dominicanos a contribuir al pago de la deuda contraída con Francia a cambio del reconocimiento de la antigua parte francesa de la isla, es decir, Haití. En la misma página, al hacerse referencia al Código Rural promulgado por el presidente Jean Pierre Boyer, que implicaba la subordinación de los campesinos a condición de dependencia personal, se concluye: “Tal intención fue objeto del repudio unánime de terratenientes y campesinos dominicanos”.

Como se ha citado, uno de los cargos esgrimidos contra los libros es que omiten las luchas patrióticas. Basta para desmentirlo, que la unidad 8 completa está dedicada a la implantación de la República en 1844. Se da cuenta primeramente de la oposición creciente al dominio haitiano, se dedica otra lección a la vida y obra del padre de la patria Juan Pablo Duarte y, en particular, a su ideario democrático-revolucionario, y las siguientes dos lecciones detallan los eventos que culminaron con la proclamación de la República el 27 de febrero. Se detallan las luchas intestinas entre trinitarios demócratas y afrancesados conservadores en los procesos previos y posteriores al 27 de febrero. Al mismo tiempo, en la página 146 se expone el rechazo compartido por la comunidad nacional a las embestidas haitianas desde marzo de 1844.

Las luchas por la libertad de los dominicanos no se detuvieron. En la medida en que lo permite un libro de texto, lo esencial está recogido en el citado de Quinto grado. El siguiente evento de envergadura fue el cuestionamiento de la decisión de la camarilla encabezada por Pedro Santana de anexar el país a España en marzo de 1861. La unidad 10 se dedica íntegramente a analizar la Guerra de la Restauración contra la Anexión. Gran parte de una lección, en la página 179, se dedica a los postulados patrióticos de los cabecillas de los guerreros por la libertad y al empleo de la táctica guerrillera que condujo al triunfo frente a una potencia colonial como era España. Como actividad, incluso, se reproduce el documento del vicepresidente Ramón Mella con instrucciones para el empleo del método guerrillero.

El referido libro no se restringe a examinar la resistencia frente a dominadores extranjeros, pues también aborda los procesos que condujeron a la implantación de regímenes dictatoriales y las resistencias libertarias que afrontaron. Es increíble la tendenciosidad de los dirigentes de la ADP que afirman lo contrario.

En el libro de Sexto grado, desde la Ocupación Militar estadounidense, se hacen los análisis de este período de dominio extranjero directo y las resistencias nacionales que impidieron su perpetuación. Contrariamente a lo aseverado por la ADP, la exposición no se limita al plano socioeconómico o estructural, sino que se extiende al de las luchas políticas y sociales. En tal tesitura, es el caso, se analiza el régimen de Trujillo poniendo énfasis en las luchas democráticas y revolucionarias que se desarrollaron en su contra. En la unidad 3 de este libro se examina la Revolución de Abril de 1965 y la resistencia a la invasión estadounidense que frustró el proyecto nacional-democrático. Respecto al régimen de los Doce Años, presidido por Joaquín Balaguer, en la página 72 se resalta su componente represivo y más adelante los fracasos experimentados por los intentos insurreccionales de la izquierda.

Roberto Cassá


Concluidas las lecciones que comprenden el siglo XX, se dedican varios capítulos a aspectos necesarios para la comprensión más profunda de la realidad nacional actual. Estas temáticas son censuradas por la ADP como contradictorias con la exposición de los hechos, cuando en realidad es todo lo contrario, por cuanto ofrecen una panorámica de aspectos cruciales de la realidad presente en clave histórica. Entre ellos se encuentra la unidad 6, acerca de la discursiva sobre la condición de los dominicanos (el tema de la identidad, que asegura la ADP estar ausente), la evolución constitucional desde 1844 hasta el presente, la dinámica de la población dominicana, tema que comprende elementos de análisis de clases y otros como la urbanización y la evolución de los niveles educativos. En la unidad 9 se analiza la economía dominicana contemporánea, lo que está acompañado de ingredientes como la composición del Producto Bruto Interno, las principales ramas de la economía y el avance desigual del ingreso per cápita. Las unidades 10 y 11 se dedican a la distribución espacial de la población y a las variaciones espaciales de las condiciones económicas, donde se expone la polarización económica y demográfica en algunos centros urbanos. Estas unidades se concibieron para situar aspectos nodales del presente, precisamente para incentivar la conciencia histórica en la conexión del presente y el pasado.

Debo resaltar la ausencia de condicionantes políticas, que honra al Ministerio de Educación y a los responsables del programa Libro Abierto. En el capítulo 12 y último del libro de sexto grado una lección está destinada a los males sociales, como la pobreza, la inequidad, el clientelismo, el peculado y la degradación ambiental. Aspectos del ordenamiento democrático se someten a señalamientos críticos independientes. Por lo visto, la crítica social y cultural es visualizada por los dirigentes de la ADP como componentes de la intención antinacional.

En conclusión, los dirigentes de la ADP soslayan con evidente mala fe los logros de estos libros por cuanto no se avienen con su prejuicio calculado de descalificación, evidentemente animado por motivaciones inconfesadas. Tienen ante sí el reto de demostrar en qué consiste la pretendida desnaturalización de la historia dominicana. Como no pueden hacerlo, ellos mismos ponen en tela de juicio la solvencia de su representación dirigencial.

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