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martes, 7 de abril de 2026

CIENCIAS DEL DEPORTE: La física implacable del Kwaremont: Un análisis científico de lo que Van der Poel confesó en el adoquín



SANTO DOMINGO, R.D.- Mathieu van der Poel, tres veces campeón del Tour de Flandes, pedalea a toda la potencia que su cuerpo puede generar. No es suficiente. Adelante, Tadej Pogačar se aleja como si la gravedad le perteneciera. Esta es la física de ese momento.
Hay momentos en el deporte que desafían nuestra intuición. Ver a Van der Poel —quizá el ciclista de clásicas más completo de su generación— producir 650 vatios durante una aceleración en el Oude Kwaremont y, aun así, ver cómo Pogačar se marcha sin esfuerzo aparente, nos deja con una pregunta incómoda: ¿qué clase de ser humano es capaz de eso?
Para responderla, hay que ir al origen. Un vatio es una unidad de potencia: mide cuánta energía produce o consume un sistema por segundo. Cuando encendemos una bombilla de bajo consumo de 10 vatios, esa es la energía que transforma en luz cada segundo. Cuando un ciclista pedalea a 650 vatios, sus piernas hacen algo parecido a encender un microondas durante esa fracción de carrera. La diferencia es que un microondas no lleva doscientos kilómetros de adoquines encima.
"Iba a 650 vatios y no podía seguirle. Tuve que aceptar la ley del más fuerte."
— Mathieu van der Poel, tras el Ronde van Vlaanderen
La energía que mueve una bicicleta
En una subida, casi toda la potencia generada se invierte en vencer la gravedad. La fórmula es elegante en su crueldad: Potencia = masa × gravedad × velocidad vertical. Lo que importa no es cuántos vatios produces en términos absolutos, sino cuántos produces por kilogramo de peso. Esa cifra —los vatios por kilogramo— es el pasaporte al pelotón de élite.
Van der Poel pesa alrededor de 75 kilogramos. Sus 650 vatios equivalen a 8,7 vatios por kilogramo. Es una cifra que la mayoría de los seres humanos nunca alcanzarán ni en el mejor momento de su vida, ni en un esfuerzo de apenas unos segundos. Pero en el Kwaremont, en la primavera de Flandes, eso no fue suficiente.
Escala de potencia en ciclismo
Aficionado en forma
~250 W
Profesional umbral
~400 W
Élite mundial (FTP)
~450 W
Van der Poel (pico)
650 W
Pogačar (estimado)
> 700 W
Esfuerzo de 30–90 segundos en aceleración de clásica. Valores absolutos.
El río interior: lo que ocurre dentro del músculo
El cuerpo humano es, entre otras cosas, una máquina de transformar glucosa en movimiento. Pero esa transformación tiene límites que la evolución no pudo —o no quiso— superar. Cuando la intensidad sube más allá de cierto umbral, los músculos empiezan a producir energía por una vía rápida pero sucia: la glucólisis anaeróbica, que libera ácido láctico como residuo. El músculo se "envenena" a sí mismo; las fibras se contraen cada vez con más dificultad, como intentar cerrar el puño dentro de un guante mojado.
Después de 250 kilómetros de carrera, de horas de vibración constante sobre adoquines irregulares —que roban energía y castigan la musculatura de una forma que el asfalto nunca haría—, las reservas de glucógeno están casi agotadas y la fatiga neuromuscular es enorme. Los nervios motores que envían señales a las fibras musculares empiezan a fallar como un sistema eléctrico sobrecargado. En ese contexto, producir 650 vatios no es coraje: es biología al límite de lo posible.
80+
ml/kg/min de VO₂ máx en los mejores del mundo
2,2 km
longitud del Kwaremont, todo sobre adoquín
8,7
vatios por kilogramo de Van der Poel a 650 W
Lo que diferencia a Pogačar
Tadej Pogačar es más ligero que Van der Poel. Eso importa, y mucho. En una subida, cada kilogramo que no tienes que elevar es potencia que puedes destinar a ir más rápido. Pero el peso solo explica una parte de la ecuación. La otra parte es más misteriosa y, a la vez, más fascinante: la eficiencia metabólica.
Dos ciclistas pueden producir la misma potencia externa —la que mide el medidor en el pedal— con consumos de oxígeno muy distintos. El más eficiente llega al final de la carrera con más recursos, como un motor que extrae más kilómetros del mismo depósito de combustible. Los mejores corredores del mundo no solo tienen un VO₂ máximo altísimo —la capacidad aeróbica máxima del organismo, que en los mejores supera los 80 mililitros por kilogramo y por minuto— sino que, además, trabajan a porcentajes altísimos de ese techo sin acumular la deuda de lactato que paraliza a los demás.
Pogačar, ese día en el Kwaremont, iba por encima de los 650 vatios de Van der Poel, o con una relación potencia-peso superior. Probablemente ambas cosas. Y lo hacía después de exactamente los mismos 250 kilómetros, los mismos adoquines, la misma primavera inclemente de Flandes.
Lo que vimos no fue solo un ciclista más rápido. Fue la diferencia entre dos límites biológicos distintos: el del mejor, y el del mejor del mejor.
Una nota sobre la voluntad
Sería tentador terminar aquí, con la frialdad de los números. Pero Van der Poel añadió algo más a su confesión: "Tuve que aceptar la ley del más fuerte." En esa frase hay un resignado reconocimiento científico. No falló el carácter, no cedió la mente. Cedió la biología, que es la única árbitro que no admite apelaciones.
Porque el ciclismo, como la mayor parte de los fenómenos que nos importan, ocurre en la frontera entre lo que queremos y lo que nuestro cuerpo puede. Van der Poel empujó hasta ese borde con toda la ferocidad de un campeón. Y al otro lado del borde, estaba Pogačar.
El Oude Kwaremont mide 2,2 kilómetros, con una pendiente media del 4,2 % y máximas del 11,6 %, todo sobre adoquín. Después de más de 250 km de carrera, esa colina resume todo lo que el ciclismo de clásicas tiene de brutal y de sublime.

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