SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Félix Wenceslao Bernardino Evangelista (Buchilai) nació en El Seibo el 18 de marzo de 1892. Desde joven cultivó varias disciplinas. Además de sus estudios regulares fue boxeador, promotor de boxeo, director de grupos musicales en el país y en el exterior. Era un hombre vivaz y de expresiones varoniles. Fue pendenciero y buscapleitos con lances callejeros o en sitios públicos. Se caracterizaba por cometer abusos contra los mas débiles y por ridiculizar a sus semejantes.
Buchilai Bernardino estaba casado con Adela Celeste Socias Miolán (1919).
Vivía en la sección El Pitado, a poca distancia del Cruce de Pavón, en la carretera Mella, que conduce a Higüey, ahí tenía una finca de 30 mil tareas adquiridas por su familia tras la muerte de Trujillo.
Su padre Alvaro Bernardino fue un colono que Trujillo en su juventud hizo algunos trabajo como guardia campestre.
Durante casi toda la década de 1950, el temible Félix W fue cónsul en Nueva York, Venezuela y Cuba, en representación del régimen dictatorial de Trujillo, pudiendo aprovechar su inmunidad diplomática para involucrarse en acciones de inteligencia calificadas de arriesgadas aventuras extremistas, que dañaron circunstancialmente la imagen del país en el delicado campo de las relaciones internacionales.
Este imponente individuo, llamado Félix Wenceslao Bernardino Evangelista, tenía el encargo de monitorear dentro y fuera de la “Babel de Hierro” a los enemigos de Trujillo y por ello quedó implicado en la osada resolución tomada por los organismos de seguridad de la dictadura para acallar en suelo estadounidense la voz crítica del exiliado dominicano Andrés Francisco Requena.
Eso pasó el 2 de octubre de 1952, cuando el conocido periodista y antiguo diplomático fue abatido a tiros en el área correspondiente al edificio número 243 de la calle Madison de Nueva York, entre otros motivos por haber formulado severas críticas al caudillismo del régimen trujillista en su relato histórico “Cementerio sin cruces”, escrito a manera de novela e impreso en México en 1949.
El crimen de Requena no era el primero que envolvía la figura del temible Félix W, puesto que en la década de 1930 había pasado tres años encarcelado en la fortaleza Ozama por la muerte de un munícipe seibano de nombre Amable Dalmasí. También, más adelante, en 1950, durante su estancia consular en La Habana, Cuba, salió a relucir su nombre entre los autores intelectuales del secuestro y ulterior asesinato del líder sindical dominicano Mauricio Báez, perpetrado el 10 de diciembre de ese año.
Por si eso fuera poco, la figura de este individuo sería asociada al secuestro del escritor español Jesús de Galíndez Suárez, realizado en su apartamento de la Quinta Avenida de Nueva York el 10 de octubre de 1956 y a la contratación de sicarios activados bajo las órdenes de Johnny Abbes García y el Servicio de Inteligencia Militar de Trujillo, para intervenir en la trama contra el presidente guatemalteco coronel Carlos Castillo Armas, quien sería asesinado el 26 de julio de 1957 en la casa presidencial de su país.
Igualmente se vincularía su nombre al atentado terrorista contra la vida del presidente venezolano Rómulo Betancourt, ejecutado el 24 de junio de 1960 en la Avenida de Los Próceres, de Caracas.
Félix Wenceslao Bernardino Evangelista empezó a destacarse como productor agropecuario el 15 de enero de 1957, con motivo de la inauguración de la Feria Ganadera, al captar la atención del público y brillar en presencia de Trujillo, exhibiéndose en el majestuoso desfile a caballos como líder de decenas de ganaderos y pequeños propietarios higüeyanos y seibanos, bautizados con el nombre de “Los Jinetes del Este”.
Fue en este gobierno de transición que comenzó a desmoronarse la cruel maquinaria trujillista, con el envío a prisión de los asesinos de las hermanas Mirabal y los responsables del régimen de intolerancia y oprobio que reinó durante 31 años. Este hecho incidió en muchos moradores de El Seibo que comprendieron que había llegado la hora de denunciar los abusos de su verdugo y reclamar su castigo.
Como receptor principal de este caso actuó el doctor Rafael Valera Benítez, fiscal nacional que acogió varias querellas contra el temible Félix W, siendo la más contundente la que lo culpaba del asesinato de Demetrio Castro, Héctor Barón García, Elías Kelly, Clemente de la Cruz, Gervasio Franco, José Báez y los hermanos Héctor y Pedro Díaz. La acusación fue remitida al juez de instrucción del distrito judicial de El Seibo, quien ordenó apresarlo en febrero de 1962.
El juicio en contra de Félix W. Bernardino se inició el 1 de octubre de 1962 en un tribunal de jurisdicción nacional, escogido por la Suprema Corte de Justicia. Esta corte estaba presidida por el licenciado Osvaldo B. Soto, asistido de su secretario y llevaba la acusación, en nombre de la fiscalía, el doctor Francisco A. Mendoza Castillo.
Los querellantes ascendían a 38 personas, entre las que se destacaban Cruz María Mariano de Mariano, Jesús Bonilla, Mario de la Rosa, representados por el doctor Leo Nanita Cuello, el licenciado Bienvenido Canto Rosario y el doctor Ponciano Rondón Sánchez.
El acusado tuvo como abogado al licenciado Quírico Elpidio Pérez. Este proceso judicial duró casi cinco años y durante ese tiempo Félix W. Bernardino permaneció preso en La Victoria y fue llevado en más de cuarenta ocasiones al Palacio de Justicia, siendo el 28 de junio de 1963 investigado por el FBI, sobre la desaparición de Galíndez.
Los bienes del antiguo diplomático fueron confiscados por el Consejo de Estado, pero fue en el gobierno del profesor Juan Bosch, el 30 de agosto de 1963, cuando el Instituto Agrario Dominicano repartió sus 21 mil tareas de tierra a105 campesinos de la sección de El Pintado, en parcelas de 200 tareas cada una.
La primera ganancia de causa que tuvo el excónsul en Nueva York, se produjo durante el gobierno provisional de Héctor García-Godoy, el 24 de enero de 1966, cuando la Corte de Apelación de San Cristóbal, en base al artículo 64 del Código Penal, consideró que el acusado no había cometido crimen alguno, porque había actuado en estado de locura.
Esa sentencia fue ratificada a las 3:00 de la mañana del 20 de junio de 1966 por el doctor César A. León Flaviá, juez de la primera cámara penal del Distrito Nacional, quien liberó a Félix W. Bernardino de todos los cargos que había en su contra, “por insuficiencia de pruebas”.
El temible Félix W salió de la cárcel de inmediato y logró en el gobierno de Joaquín Balaguer que la Corte de Apelación de Santo Domingo, en el rol de Tribunal de Confiscaciones, le devolviera sus bienes, para iniciar desde la hacienda El Pintado otra historia con capítulos trascendentes, como la condena lograda en 1967 contra la Gulf and Western por haber usufructuado sus tierras, y el aplacamiento del escándalo internacional armado por el embajador de Haití, Clement Vincent, que lo acusó de matar y herir a varios de sus compatriotas.
Falleció en la ciudad de Nueva York (EE.UU.), en el 1982.









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