Envíanos tus notas, artículos y reportajes deportivos a: deciclismoymas@yahoo.es y ramonmartinolivo@yahoo.es

INTEJA

Ingenieros, Tejas y Asociados S.A.

MOLIVO BIKE

una tienda ideal para comprar las piezas de tu bicicleta.

Payaso Sopin, Momentos Inolvidables.

MULTISERVICIOS TEJADA. Tels.: 829-867-6146 / 849-636-3092

me gusta

Mostrando entradas con la etiqueta Semblanzas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Semblanzas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Breve biografía de John Figueroa M., campeón nacional 1967-1971


SANTO DOMINGO, República Dominicana.- El desaparecido pedalista, entrenador y propulsor de ciclismo John Figueroa Medrano nace un 25 de mayo de 1951 en la ciudad estadounidense de Nueva York y muere el 16 de febrero del 2011 en Santo Domingo.

Al momento de su partida hacia lo desconocido, "El Piojo" --como en una ocasión fue llamado-- contaba con 59 años y unos meses. Fueron sus padres John Figueroa y Luz Medrano.

De su primera unión matrimonial con Mercedes Leonor Soto procreó a Johanna Ofelia y a Jessica; de su segunda unión con Gricelda E. Goodin Brito, procreó a Gina, quien también ha descollado como pedalista, y Gianny.

Su niñez transcurrió en la calle Moisés García, Gazcue, frente al Palacio Nacional, al lado de su madre de crianza Ofelia Pérez (más importante para él que su madre biológica) y sus hermanos de crianza el ex guerrillero Hamlet Hermann Pérez y Dardo Hermann Pérez.

El también ingeniero en sistema se inicia en el ciclismo por los años 1967, cuando integra la escuadra del Club Nacional de Ciclismo. A partir de entonces, su disciplina y dedicación lo convirtieron en uno de los ciclistas más dominantes de los años siguientes.

Figueroa Medrano fue campeón Nacional de Ruta en los años 1967 al 1971, siendo electo por la ACD como Ciclista del año en 1967, 68 y 69. Forma parte de la selección nacional en los XI y XII Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe de 1970 y 1974.

A partir del 1974 se retira de la parte competitiva y se enfunda el traje de entrenador y preparador de ciclistas hasta 1994. En esas funciones conoce a Francisco Valerio, con quien mantuvo una relación muy cercana hasta sus últimos dias de vida. Durante esta etapa togra combinar muy bien su vida profesional de ingeniero en Sistema, como docente y empleado, con la de preparador y entrenador de ciclistas.

En 1994 se reincorpora al ciclismo competitivo y dirigencial, llegando a ser cabeza principal de la Comisión Nacional de MTB, Club Gomas Anchas y la Liga de Ciclismo Master del D.N. (Licimadi). Durante su nueva etapa competitiva como Máster, conquistó seis titulos de campeón de la Licimadi y cerca de 96 primeros lugares de ruta y MTB.

viernes, 7 de agosto de 2015

John Figueroa Medrano: Un gigante del ciclismo criollo (1995)

John Figueroa Medrano cuando era captado por la fotógrafa Ivelisse Valenzuela Hilario en el Memorial a los Caídos.

Por Martín Olivo.-


SANTO DOMINGO, R.D.- Cuando se conforme el Salón de la Fama del Ciclismo Dominicano es indiscutible que uno de sus principales protagonistas será el veterano ciclista y destacado entrenador John Figueroa Medrano.

Figueroa Medrano, de antropometría diminuta y temperamento liviano, ha hecho historia en el pasado y el presente –tuvo un magistral retorno—del ciclismo criollo.

Luego de haber inscrito un prestigioso y deslumbrante palmarés en los años 60s y 70s (se retiró luego concluidos los XII Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 1974), el también ingeniero en sistema se desempeñó como entrenador nacional y retornó a las lides del aro y el pedal en las categorías máster y mountain bike (MTB).

En la modalidad para corredores veteranos, John Figueroa se ha granjeado importantes premios como el Segundo Clásico Nacional de Ciclismo Fénix, Primer Clásico All American, entre otras competencias realizadas en el territorio nacional.

Pero donde ha demostrado que es un corredor de potencia y mucha resistencia es en las agobiantes carreras de mountain Bike (veteranos) donde se ha granjeado varios campeonatos nacionales, entre ellos el de 1994.

Sobre su retorno dice que fue el entusiasta Ray Vásquez (El Americano) que lo hizo incursionar de forma esporádica con las bicicletas de gomas dentadas: “No pensé que volvería a estar en estos menesteres; pero al momento de montar la bici me volvió a afectar la fiebre de tan emocionante deporte”, sostuvo el ex campeón nacional.

Inicios deslumbrantes

En 1966, Figueroa Medrano, siendo un chaval, decide practicar y competir en el ciclismo. En esos tiempos, esta disciplina comenzaba a desarrollarse de forma tímida, siendo él una de las bujías inspiradoras de otros que desearon destacarse.

Recuerda que para aquel tiempo las competencias clásicas eran los ida y vuelta Santo Domingo (S.D.)-Villa Altagracia-S.D., S.D.-Baní-S.D., S.D.-Azua-S.D., Santo Domingo-San Pedro de Macorís-S.D., y, de vez en cuando, se hacían pruebas de montañas como Santo Domingo-Jarabacoa, las cuales conquistó.

Reconocido por ser un excelente esprinter y dominar la técnica y la táctica en plena carrera, Figueroa también se destacó por subir con soltura los terrenos inclinados.

Entre sus principales metas está competir en la XVII Vuelta Ciclista Internacional Independencia Nacional que se correrá el próximo año (1996).

“La Vuelta Independencia es mi objetivo principal. Nunca he competido en la misma y creo que podré conquistar el trofeo de Novato de la Vuelta”, señala el destacado técnico.

Para prepararse a fondo, Johnny tiene planeado correr todas las competencias de la categoría superior, ya que “con ello podré adquirir la forma ideal para participar en la Vuelta o en cualquier evento de igual magnitud”.

John Figueroa Medrano (centro) junto a un servidor Martín Olivo (izquierda) y Juan --Alambrito-- Arias (derecha).

“Debe haber una selección”

Luego de ver el pobre desempeño de los ciclistas criollos en la última Vuelta Independencia, John Figueroa señala que para evitar esto hay que estructurar una preselección de ciclistas.

“No me explico cómo se gasta tanto dinero en evento y se invierte poco o casi nada en los atletas. Creo que se debe estructurar una selección tres o cuatro meses antes de una justa tan importante. Eso no es tan costoso y sí muy provechoso”, apostilla Figueroa Medrano.

Señala que cuando los dominicanos han ganado una ronda ciclística se ha debido a que estaban integrados en una selección y concluye que “se debe gastar menos en carrera e invertir más en los pedalistas”. (EL NACIONAL / SUPLEMENTO DEPORTES / CICLISMO / 12 de Marzo de 1995).

martes, 7 de julio de 2015

Augusto Sánchez Berigüete: Uno de los ciclistas más destacados de la República Dominicana; campeón Vuelta Independencia 2010

El ciclista Augusto Sánchez Beriguete se ha distinguido por ser uno de los corredores más batalladores del pelotón.

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- El barahonero Augusto Sánchez Berigüete es uno de los pedalistas más destacados de República Dominicana.

Barahona, como le llama la afición criolla, además de ser campeón de la Vuelta Ciclista Internacional Independencia 2010, tiene en su palmarés dos medallas de oro ganadas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, además de otros significativos y grandes logros nacionales e internacionales en distintos países.

En el año 2002, Sánchez Berigüete partió de su pueblo natal para radicarse en la ciudad de Santo Domingo. Se integró a las filas de la Marina de Guerra, y al Club Ortiz Celado, específicamente en el equipo de Aro y Pedal.

Barahona presentó sus credenciales de inmediato en el Clásico Villa Altagracia, en el cual se quedó rezagado en el giro de San Francisco de Macorís, pero en el retorno a la ciudad de Villa Altagracia fue “conectando” y alcanzando a todos los que estaban por delante, llegando al pelotón puntero cuando apenas faltaban cinco kilómetros para finalizar la carrera. Cuando faltaban tres kilómetros para la meta, realizó una fuga en solitario, llegando victorioso a la meta.
El barahonero Augusto Sánchez Beriguete (Ingenio Barahona) y el capitalino Joel Amable Capellán  (Fénix-Isuzu-D-Max) en la Vuelta Ciclista al Valle del Cibao 2007.

En febrero del 2006, junto al santiaguero Wendy Ramón Cruz, impone su clase en la Vuelta Ciclista Internacional a Cuba, llegando primero a la ciudad de Cárdenas. Sánchez Berigüete y El Ciclón Cruz realizaron la escapada mar larga del giro cubano recorriendo los 177 kilómetros desde Cienfuegos a Cárdenas en cuatro horas y 11 segundos.

En la prueba por puntos, Augusto Sánchez es uno de los ciclistas más temidos del área, ya que después del tercer embalaje desarrolla una potencia insuperable que lo ha llevado a subir al podio en esta prueba en múltiples oportunidades, incluyendo en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Mayagüez 2010 donde obtuvo la presea de oro.
El barahonero Augusto Sánchez Beriguete (derecha) también se ha destacado por ser un gran escalador. Aquí mientras era premiado con los demás campeones de la Vuelta Ciclista Internacional al Valle del Cibao, Rafael Merán German (líder metas metas volantes) y el vegano Jorge Pérez (camiseta amarilla de campeón individual de la justa cibaeña 2007). 

Sánchez asistió a ese significativo certamen después de haber obtenido la camiseta de campeón de la Vuelta Independencia Nacional de ese año. En la edición de la ronda patria de 2013, arribó triunfante a Las Terrenas, siendo esta una de las etapas más emocionantes de esa justa.

viernes, 5 de junio de 2015

Gianni Bugno, entre sombras de Fausto Coppi y Miguel Induráin


El español Miguel Indurain Larraya (izquierda) y el italiano Gianni Bugno (con camiseta arcoiris de campeón mundial) en el Tour de Francia de 1992, certamen en el que ambos hicieron podio con el navarro en el primer escalón.


Por Guillermo Ortiz


Amanecía en Luxemburgo y Gianni Bugno era un hombre derrotado. Vestido con el maillot arco iris de campeón del mundo, su preparación para ganar el Tour de Francia se había venido abajo en los 65 kilómetros que separaban la salida y la llegada de la primera contrarreloj larga de la edición de 1992. Pocos días antes, su equipo, el Gatorade, reforzado para la ocasión por Laurent Fignon y Peio Ruiz Cabestany, dos excelentes contrarrelojistas, había conseguido aventajar en más de medio minuto al Banesto de Miguel Induráin en la crono por equipos y el italiano estaba eufórico: “Esto me da moral”, dijo nada más bajarse de la bici y comprobar que aventajaba al navarro en 27 segundos.


Aquel 14 de julio de 1992, fiesta nacional francesa, la moral de Bugno reptaba por los adoquines. En la contrarreloj del día anterior había sido tercero, un puesto más que decente. El problema es que Induráin le había sacado 3´41” de ventaja, una diferencia completamente inesperada, histórica, irrepetible. “Induráin ha ganado el Tour”, decía Gianni a todo aquel que quisiera escucharle, cabizbajo, huidizo.


Al año siguiente, el equipo que le había traído a Fignon prefirió traerle a un psicólogo. No sirvió de mucho. Llegó Lac de Madine y Miguel Induráin volvió a sentenciar la ronda francesa. Forges, en una viñeta genial, sacaba la cara de un hombre descompuesto, con los pelos electrizados y la cara desencajada con un titular que leía: “El psicólogo del psicólogo de Bugno”. Era su sambenito: llegaba el momento cumbre y él se venía abajo. Aquello no era del todo justo con un hombre al que sencillamente las expectativas le habían superado: ganó el Giro demasiado joven, ganó Alpe D´Huez demasiado joven, fue campeón del mundo demasiado joven… ¿Cómo no pedirle que lo ganara todo?


Porque sencillamente no era posible. El bueno de Luis Ocaña se maravillaba en Antena 3 Radio ante la pose de Gianni en cada escapada, en cada contrarreloj: “Parece que no se moviera sobre la bici”, decía, y era verdad. Cuando Bugno, el gran Bugno, rodaba, daba la sensación de que alguien estuviera moviendo el paisaje a toda velocidad, una sucesión de familias, árboles, jóvenes exaltados y roulottes que pasaban difuminados mientras el transalpino se cuadraba sobre la bici y no movía ni un músculo.


Bugno era la elegancia igual que Chiappucci era la valentía, pero Induráin era un martillo pilón, una fuerza de la naturaleza contra la que era imposible luchar en igualdad de condiciones. La presión exterior pudo con él en demasiadas ocasiones, pero aun así ganó y ganó mucho. Puede que no tanto como los tifosi esperaban —“Gianni, facci sognare”, rezaban las paredes de los Alpes italianos cuando el Tour pasaba cerca de Sestrières— pero eso no era problema suyo sino de los propios aficionados.


Gianni suficiente hacía con sortear un divorcio, unas exigencias desmedidas y la horrible sensación de que, ganara lo que ganara, cada fracaso en el Tour eclipsaba el resto de una carrera maravillosa.



Los años de joven promesa


Gianni Bugno nació en Brugg, un pueblo suizo cerca de la frontera con Italia, en febrero de 1964. En principio, estos datos suelen ser bastante accesorios, pero de su origen suizo podemos inferir la frialdad con la que desarrollaría su trayectoria profesional y su año de nacimiento no fue un año cualquiera, sino el mismo que vería nacer a Miguel Induráin, Raúl Alcalá o Erik Breukink. Claudio Chiappucci, siempre inquieto, había nacido justo un año antes.


Formaba parte, por tanto, de una de las generaciones más talentosas y más cuidadas de la historia del ciclismo, la llamada a suceder a los Lemond, Delgado, Roche, Fignon… nacidos a finales de los 50 y que se habían repartido los Tours desde la retirada de Bernard Hinault en 1986. En sus inicios, Bugno destacaba como potente rodador, hábil contrarrelojista y especialista en carreras de un día o rondas de pocas etapas en las que se movía con facilidad en la media montaña.


Si bien Alcalá o Breukink fueron corredores de maduración inmediata, que antes de los 25 años ya coqueteaban con pódiums en grandes vueltas, Bugno, al igual que Induráin o Chiappucci, esperaba su momento sin presión alguna. Con 22 años empezó a ganar pequeñas carreras en Italia, incluso acabó su primer Giro en el 41º lugar de la clasificación, un puesto nada desdeñable para un debutante, aunque nadie olvida que aquellos Giros, preparados para los Moser o Visentini de turno, tenían una exigencia limitada y solían decidirse en contrarrelojes y escapadas puntuales, nada que ver con las orgías para escaladores que preparan los organizadores desde que el corredor tipo italiano se siente más cómodo cuesta arriba.


Su presentación en sociedad llegaría en 1988, cuando se impuso en una etapa llana del Tour de Francia, el mismo Tour que ganaría Perico Delgado con Induráin como uno de sus escuderos. Bugno, recién fichado por el equipo suizo Chateau D´Ax, en el que pasaría prácticamente toda su carrera con diferentes denominaciones, pilló la fuga buena de aquel día junto a Jan Nevens. La etapa acababa en Limoges tras pasar por unos cuantos puertos de montaña y los chicos del Reynolds estaban encantados de que alguien se fuera por delante. Nevens era el favorito, por supuesto, pero aquel italiano de mirada perdida le sorprendió con un sprint eléctrico después de 18 etapas y unos cuantos kilómetros de escapada. Bugno, perdido en la general, conseguía subir por primera vez al pódium de una grande para recibir los tímidos besos de las azafatas de Credit Lyonnais. No sería la última.


Con el pedigrí que daba un triunfo así, Bugno siguió mejorando sin prisa pero sin pausa. En 1989 ganó su primera etapa en el Giro, también aprovechando una de las últimas etapas, y acabó en 23ª posición casi sin enterarse. Fue el Giro en el que Fignon arrasó a todos sus rivales y Lemond volvió a sentirse ciclista tras dos años desaparecido por un accidente de caza. El duelo entre francés y estadounidense se repitió ese año en el Tour con el famoso desenlace de la contrarreloj de París donde Lemond privaría a Fignon de su tercer triunfo por solo 8 segundos.


Aquel Tour fue el que marcó un antes y un después en la trayectoria de dos hombres clave para entender los años siguientes: Miguel Induráin era aún un chicarrón del norte con muy buenos resultados contrarreloj, ganador de la París-Niza y número dos de Pedro Delgado. Miguelón, como aún le llamaban, ganó en Cauterets, etapa pirenaica en la que Perico pretendía montar una escabechina y lo consiguió solo en parte. Gianni Bugno jamás se había preocupado por hacer una buena general, era algo que le salía por talento, pero en aquel 1989, ya no era tan fácil descolgarle: en la primera crono quedó entre los diez primeros, supo colarse en las fugas adecuadas y resistió en la montaña lo suficiente como para rozar el top 10 por primera vez en su carrera, finalizando octavo en su cumbre fetiche, el Alpe D´Huez.


Al final fue undécimo, a más de 20 minutos de Lemond, pero casi 10 por delante de Induráin. Ahí había algo más que un clasicómano, solo faltaba que se lo acabara de creer.


El Giro de Italia de 1990


Con 26 años recién cumplidos y después de ganar la exigente Milán-San Remo, Gianni Bugno se presentó en la salida del Giro de Italia como uno de los candidatos a animador de la carrera, quizás aún un peldaño por detrás de Fignon, Mottet, Giupponi o Giovanetti, que venía de ganarle la Vuelta a España a Perico Delgado en un alarde de resistencia. La primera etapa era la habitual contrarreloj corta que llevaba escrita el nombre deThierry Marie, apenas 13 kilómetros ideales para el lucimiento de los prologuistas.


Bugno salió relajado, consciente de que era bueno empezar entre los primeros y para cuando acabó la tarde resultaba que se había llevado la etapa y la maglia rosa. Se podía entender como una relativa sorpresa porque sí, el chico subía y rodaba bien, pero ganarle a Marie en aquellos tiempos eran palabras mayores. Sin un líder definido, el Chateau D´Ax decidió defender la maglia hasta que su portador desfalleciera, más pronto que tarde, o simplemente alguna escapada rompiera la clasificación.


La tercera etapa acababa en el mítico Vesubio. Era el momento elegido por el Castorama para colocar de líder a Marie y aupar a Fignon en la general, pero la ONCE se adelantó con Eduardo Chozas y dinamitó el grupo de favoritos: Bugno aún tuvo tiempo de demarrar en el último kilómetro y sacar algunos segundos a los Ugrumov,Lejarreta y compañía. En la general, el suizo-italiano se mantenía de líder con 43” de ventaja sobre el citado Chozas y más de un minuto sobre Laurent Fignon. Apenas cuatro días después, en Vallombrosa, se llevaba su segunda etapa, esta vez de montaña, mientras iban explotando sus rivales: no solo Chozas, sino también Fignon y Lemond.





Bugno empezaba a ser el ídolo de los ojos claros. Elegante, como buen italiano, capaz de atacar de rosa, recordando al eterno Fausto Coppi… pegó el gran hachazo de aquel Giro en la contrarreloj de Cuneo, de 68 kilómetros. Aunque solo pudo ser segundo, reforzó su liderato hasta el punto de dejar a su más inmediato perseguidor, Marco Giovanetti, a más de cuatro minutos. Quedaban nueve etapas y el desfallecimiento era posible pero poco probable. Bugno empezó a acariciar la posibilidad de ganar el Giro siendo líder desde la primera a la última etapa, algo que solo habían conseguido en el pasado Girardengo en 1919, Binda en 1923 yEddy Merckx en 1973, el año que “El Caníbal” decidió dejar a un lado el Tour para centrarse en Giro y Vuelta.


El dominio de Bugno era equivalente al del belga en sus mejores tiempos, aunque es cierto que sus rivales no impresionaban. En el Pordoi se fugó junto a Charly Mottet, metió otros dos minutos al resto del pelotón y le cedió la victoria de etapa, en el Mortirolo aguantó los ataques sin problemas y remató el Giro ganando la última contrarreloj con una autoridad aplastante, superando en casi un minuto y medio a Marino Lejarreta y dejando a Mottet, segundo en la general final, a 6´33”, una diferencia exagerada. En cuarta posición de aquella cronoescalada final acabaría el escudero de Giupponi en el equipo Carrera, un tal Claudio Chiappucci, llamado a la gloria pocas semanas más tarde.


Y es que el Tour de 1990 fue el Tour de Chiappucci aunque lo ganara Lemond y es posible que eso a Bugno no le hiciera demasiada gracia porque para entonces ya estaba bien claro que él era mucho mejor corredor que el varesino. Lo que estaba por verse es si tenía su arrojo. Chiappucci se lanzó a una escapada suicida en la segunda etapa y se mantuvo en el liderato hasta la última contrarreloj en la que cedió con todo el honor del mundo.


La exhibición de Chiappucci, su empeño, esa manera de atacar en todos lados para sacar segundos que le pudieran servir para aguantar el liderato cuando arrancara Lemond, su físico de italiano pillo y su expresividad constante dejaron en segundo plano un Tour más que aceptable del corredor del Chateau D´Ax, ya bajo el nombre de Gatorade, quien, lejos de acusar el esfuerzo del recién acabado Giro, ganó dos etapas —Alpe D´Huez y Burdeos— y acabó la ronda francesa en un meritorio séptimo puesto, justo por delante de Alcalá e Induráin.


El cambio ya había llegado: puede que Lemond y Delgado tuvieran un Tour más en sus piernas, pero la Generación del 64 —incluido Chiappucci— estaba dispuesta a tomar el mando del ciclismo internacional. Para confirmar su estatus de estrella, Bugno fue medalla de bronce en el Campeonato del Mundo en ruta, ganaría la Copa del Mundo, que premiaba a los mejores clasificados en las más importantes clásicas, y acabaría el año como número uno en el Ranking UCI.


El futuro era suyo. No podía ser de otra manera.


Los Tours con Induráin y Chiappucci


Puede que la carrera de Bugno quedara marcada por el descenso del Tourmalet en la decimotercera etapa del Tour de 1991. Nunca lo sabremos, pero es bueno empezar esta parte de la historia por ese momento: el grupo de favoritos se retuerce camino de la cima del coloso pirenaico. Delgado pierde diez minutos y dice adiós al Tour,Breukink, Kelly, Alcalá y todo el equipo PDM se han retirado días antes por un extraño virus, el sorprendente líder Leblanc pierde comba pero lucha por reengancharse. Francia vibra con su joven ídolo. El calor es insoportable y Luc va perdiendo metros mientras la cámara fija en la cima nos muestra que Lemond también se empieza a descolgar, con el maillot abierto, sin aire en los pulmones.


Su primer desfallecimiento en tres años.


Es el momento de los valientes, de los que llevaban todo el Tour esperando este momento, en una calma tensa que hizo que llovieran críticas a los jovenzuelos. ¿Así pretendían ganar el Tour, sin moverse del sitio? Induráin pasó a las primeras posiciones del grupo y mientras los demás recogían comida y periódicos se lanzó a tumba abierta para dejar atrás al estadounidense. En seguida se dio cuenta de que se había ido solo. Nadie reaccionó. Mientras el grupo de favoritos, con Mottet, Hampsten, Fignon y compañía se organizaba, Claudio Chiappucci decidió unirse a la fiesta.


En un visto y no visto, el coulotte de Carrera se perdió de vista y Bugno ahí seguía, observando, como si pensara: “Adónde van estos con lo que queda y el calor que hace”, esperando que el tiempo y la carretera pusieran a cada uno en su sitio. No fue así. Induráin esperó a Chiappucci y juntos hicieron camino hasta Val Louron. Para cuando Bugno se dio cuenta de su error y salió a por ellos ya era demasiado tarde: había cedido un minuto y medio en la etapa clave y quedaba en tercer lugar de la general, a 10” de Mottet, a tres minutos más del nuevo líder, Miguel Induráin.


Para los expertos, la cosa estaba clara: el Tour era cosa de dos salvo que Chiappucci volviera a liarse la manta a la cabeza. El Banesto, que había construido un equipo de lujo para sus dos estrellas, dominó la carrera con habilidad: en Gap, mantuvieron la escapada de Lemond controlada, en Alpe D´Huez dejaron a Induráin lo más arriba posible, con una exhibición de Jean-François Bernard. Por segundo año consecutivo, Bugno, con su maillot de campeón de Italia conseguido días antes, triunfaba en la meta más carismática del ciclismo contemporáneo y subía al segundo puesto en la general… pero solo arrancaba un segundo a Induráin.


Cada vez quedaba menos y España vibraba al ritmo del gran Pedro González y el “Apache” de los Shadows.


Bugno lo intentó en la Joux-Plagne, camino de Morzine, pero Delgado y Rondón le pararon en seco. El italiano llegó a la contrarreloj final con 3´09” de desventaja con respecto al líder. Chiappucci marchaba a casi cinco minutos. Contra otro rival, quizá hubiera sido posible el milagro, pero no contra el navarro, que no solo mantuvo el liderato sino que ganó la última contrarreloj como había ganado la primera, pero con aún más margen. Bugno acabó segundo, a algo menos de medio minuto.


Aquel duelo prometía durar varios años, pero, en rigor, solo duró uno más. En 1992, Induráin llegaba al Tour como campeón del Giro de Italia, un Giro al que Bugno había renunciado para preparar mejor la carrera francesa, lo que le valió un buen montón de críticas en su país y le cargó de una presión añadida: no podía defraudar. En el año que había pasado desde su “despiste” del Tourmalet, el italiano había ganado el Campeonato del Mundo en ruta, la Clásica de San Sebastián y una etapa de la Vuelta a Suiza. El Gatorade presentaba un equipo espectacular, con Laurent Fignon de gregario de lujo, Abelardo Rondón, fichado del propio Banesto, y Cabestany cumpliendo sus últimos servicios.


Sin embargo, como ha quedado dicho al principio del reportaje, la emoción duró exactamente nueve etapas, lo que tardó Induráin en exhibirse por Luxemburgo y distanciar a Bugno en casi cuatro minutos. ¿Por qué se vino abajo de esa manera? Imposible saberlo. Quedaba más de medio Tour, él era campeón del mundo, se había reservado todo el año para ese momento… y a las primeras de cambio salía melancólico a reconocer su derrota. El resto del Tour fue una especie de suplicio, como si corriera forzado, obligado, con la mente en cualquier otro lugar. No solo no alcanzó a Induráin sino que dejó que Chiappucci le adelantara. “El Diablo” Chiappucci con su entrañable “tifoso” de barba por entonces negra y tridente en mano que le acompañaba por las cuestas y aún hoy en día sigue ahí confirmando que una vez que uno empieza a hacer el ridículo en la tele, es complicadísimo parar.


Chiappucci fue el único que puso contra las cuerdas a Induráin, con su improbable escapada rumbo a Sestrières, que tuvo al Banesto tirando todo el día y que provocó un pajarón importante del navarro justo cuando parecía que le iba a alcanzar en la ascensión final. Bugno podría haberse aprovechado de la circunstancia, pero para entonces ya estaba completamente desfondado. Había salido tras Chiappucci en el momento equivocado, siempre a dos aguas. En Alpe D´Huez se dejó nueve minutos y si consiguió el pódium final en París, un tercer puesto que no le sabía a nada —“Ya he sido segundo, ¿de qué me sirve ser tercero?”, manifestó a mitad de la carrera— fue por su excelente contrarreloj final, a solo 40” del emperador Induráin.


Si eso suponía algún tipo de esperanza para el año siguiente, 1993, el año del psicólogo y de Lac de Madine, pronto se encargó el propio Bugno de acabar con ella. Apareció cabizbajo y se marchó cabizbajo: en medio, un montón de decepciones que le llevaron al 20º puesto en la general después de haber sido 18º en el Giro. El tiempo de las grandes vueltas se acababa antes incluso de cumplir los 30 años. Ganaría etapas sueltas pero nunca volvería a estar en la élite de un Tour: en 1994 se retiró y en 1995 acabó fuera de los 50 primeros. Fue su última participación.


Campeón de Italia, campeón del mundo


Es injusto valorar a Bugno por sus segundos puestos y sus incapacidades. Gianni era un fuera de serie sin la persistencia necesaria para aguantar tres semanas de calor sin tregua en Francia. Ganó el Giro el año que le tocaba ganarlo y se labró un palmarés excelso a base de carreras de un día y pequeñas vueltas, el escenario en el que se sentía más cómodo, combinando su enorme talento con una gran inteligencia a la hora de leer la competición.


Ganó el Giro de los Apeninos, una competición menor, durante sus tres primeros años como profesional; el año de su explosión en el Giro de Italia, ya había ganado la Milán-San Remo y haría lo propio con el Tour de Romandía, una carrera por entonces de gran prestigio. En 1991, aparte de ser segundo en el Tour de Francia, ganó el campeonato nacional, con el correspondiente maillot verde, blanco y rojo, y acabó la temporada imponiéndose a Steven Rooks y Miguel Induráin en el Campeonato del Mundo en ruta celebrado en Sttutgart.





El Mundial siempre ha sido para los italianos una carrera de primer nivel. Para poner un ejemplo, el primer corredor español en ganar un Mundial fue Abraham Olano, en 1995. Antes de Freire habían ganado ya el título hasta once italianos distintos: el legendario Binda, Guerra, Coppi, Baldini, Adorni, Basso, Gimondi, Saronni,Argentin, Fondriest y el propio Bugno. Cada año hay peleas por ver quién dirige el equipo, quién trabaja para quién; combatir los egos de sus clasicómanos es una labor titánica…


A eso hay que añadirle que en Italia, a principios de década, había una enorme competencia: Baffi y Cipollinidominaban los sprints; Argentin, Bontempi y Fondriest todavía aguantaban como rodadores de fortuna… yChioccioli, Giovanetti, Franco Vona o Chiappucci habían demostrado su fondo ganando o destacando en grandes vueltas. ¿Hasta qué punto tenía sentido trabajar en bloque para Bugno, un hombre acostumbrado a venirse abajo en el momento decisivo?


Italia tiene una tradición de debates deportivos mayor incluso que la española: Coppi o Bartali, Rivera oMazzola, Conti o Rossi… y así hasta el Chiappucci o Bugno. Claudio representaba la italianidad más latina: el pendenciero que atacaba en los avituallamientos, en los descensos, que se lanzaba a la aventura a 100 kilómetros de meta y no miraba nunca atrás. Bugno era un hombre tranquilo, moderno y elegante, la Italia de los chicos altos, guapos y bien vestidos, la Italia que, en general, cae mal incluso en su propio país.


En ocasiones, Bugno se quejó de no ser suficientemente querido, de vivir a la sombra de Chiappucci pese a tener un palmarés mucho mejor. Bugno pensaba demasiado y tuvo muy poca suerte: a su triunfo en el Mundial de 1991 se unió el de 1992 en Benidorm, delante de Jalabert y Konychev. Esos dos campeonatos del mundo dejan clara su versatilidad: uno ganado ante un escalador y un contrarrelojista; el otro, ante un sprinter y un especialista en dinamitar pelotones en el último kilómetro.


Desgraciadamente, casi nadie se acuerda. Se acuerdan de sus derrotas pero muy poco de sus triunfos. Con Chiappucci pasa al revés: nos acordamos de sus gestas y nunca nos paramos a pensar si en las contrarrelojes perdía mucho o poco tiempo. Chiappucci era valiente y eso dejaba todo en segundo plano. Bugno calculaba y no hay nada que odie tanto un mediterráneo como a un hombre que calcula.


El dopaje por cafeína


Después de sus fracasos en los Tours del 91, 92 y 93, fracasos, como hemos dicho, muy matizables porque ganó varias etapas y consiguió dos pódiums, Bugno se encontró con el mayor palo de su carrera: un positivo por cafeína durante la Copa Agostoni, celebrada el 17 de agosto de 1994. Gianni era aún un muy buen corredor, aunque todos le dieran por acabado porque cebarse con él parecía sorprendentemente fácil. Aquel mismo año, había ganado una etapa del Giro de Italia, en el que se mostró especialmente activo aunque muy lejos en la general de los Berzin, Pantani, Induráin y compañía, y se había impuesto en el prestigioso Tour de Flandes, una prueba para elegidos.


Su presencia en el Tour duró muy poco, pues tuvo que abandonar, y estaba ya en plena preparación del Campeonato del Mundo, su carrera fetiche, cuando apareció la noticia del positivo: 16,8 micogramos donde solo se aceptaban 12. Por supuesto, el corredor negó cualquier dopaje, pero su carrera se dio por acabada con la sanción de dos años que le impuso la Federación Italiana. Eran otros tiempos: la lucha contra el dopaje no tenía los recursos que tiene ahora y no se daban casos tan esperpénticos como el Tour de 2002, donde a Lance Armstrong —con causa abierta por dopaje sistemático— le siguieron Joseba Beloki, Raimundas Rumsas ySantiago Botero, los tres sancionados en algún momento de su carrera por trampas continuas.


Bugno, que había formalizado por fin su divorcio y empezaba una nueva relación, luchó como pudo con argumentos algo peregrinos: “Es que tomo mucho café”, “es que esos días hacía mucho calor y además tomé té”… Nunca sabremos cuánto había de verdad en esas excusas, de hecho, años después, el nombre de Bugno apareció junto al de Tonkov en una investigación por uso de EPO en los noventa, aunque la cosa no llegó a más ya que el corredor estaba retirado. El enigma de la limpieza del ciclismo en aquellos años sigue sin descubrir, tendremos que limitarnos a confiar en nuestros ídolos.


El caso es que los argumentos de Bugno convencieron a su Federación en parte: mantuvieron el positivo pero aplicaron la reglamentación UCI, que castigaba por entonces el exceso de cafeína con tres meses de sanción. Comoquiera que la única carrera por disputar era el Mundial y que Gianni arrastraba molestias en el tobillo y se había autodescartado, se puede decir que aquel episodio no tuvo efecto alguno en su carrera deportiva más allá de la sombra de la duda. “Mi nombre ha sido manchado”, dijo el italiano, muy digno. Y a mí me gustaría creerle, porque pocas veces vi a alguien con tanto estilo sobre una bicicleta, pero es inevitable recordarles esas mismas palabras a Virenque, Pantani, Heras, Ullrich, el equipo Festina al completo…


Una retirada llena de triunfos


Con el episodio del dopaje ya olvidado y el entusiasmo de una nueva vida sentimental, Bugno reorientó su papel en el pelotón planteándose objetivos más modestos que le hicieran disfrutar del ciclismo y no vivir en una continua insatisfacción. Debe de ser horroroso saber que cada día estás decepcionando a alguien. Cuando nadie esperaba nada de Bugno, llegó un veterano con mil recursos. Dejó el Polti, donde había corrido en 1994 después de seis temporadas de fidelidad al Chateau D´Ax-Gatorade, y se marchó al MG, un equipo en el que sus dotes de rodador se valoraban y en el que nadie le pedía ninguna hazaña de tres semanas. Más tarde, el equipo se fusionó con el Mapei, donde Bugno correría sus últimas dos temporadas.


En 1995, ya con 31 años, y mientras Induráin ganaba su quinto Tour consecutivo, el italiano se llevó el Tour del Mediterráneo, volvió a ganar el Campeonato de Italia con el maillot nacional correspondiente que lució orgulloso en el que sería su último Tour de Francia, y se impuso en la Copa Agostoni, donde diera positivo un año atrás. Esta vez se conoce que no hacía tanto calor como para beber té y además Bugno cumplió la insólita promesa hecha ante los jueces de su caso: “No volveré a beber café”.


La siguiente temporada no le fue nada mal tampoco: Bugno se sentía muy cómodo en el anonimato y cada victoria suya se celebraba como no se había celebrado cuando realmente lo necesitaba. Cazó una etapa en el Giro del Trentino, otra en el Giro de Italia (la novena de su carrera), se lució en la Vuelta a Suiza con otra victoria parcial y celebró su primera participación en la Vuelta a España llevándose la etapa que acababa en las Destilerías DYC, aquella meta que encumbrara a Perico Delgado en 1985, cuando le birló la Vuelta a España al escocés Robert Millar.


La victoria fue una auténtica exhibición, rodando en solitario, a bloque, en los últimos kilómetros, frente a un grupo de favoritos hambriento de triunfo. La ventaja empezó por 10 segundos, subió a 13, luego a 20… Detrás salió Julich, en el grupo esperaban Rominger, Axel Merckx o el Chava Jiménez, pero no había manera: Bugno mantuvo el ritmo y solo se confió en la recta final, con los españoles, que en el fondo tanto le admirábamos, jaleándole, y Rominger esprintando detrás, a sus 35 años, para sacar segundos de bonificación.


El idilio de Gianni con España se prolongaría dos años más. La verdad es que, salvo pruebas muy menores, Bugno había desaparecido del pelotón. Induráin estaba retirado, igual que Breukink y Alcalá, Chiappucci se arrastraba en equipos de segunda fila y Jan Ullrich se disputaba con Marco Pantani la supremacía mundial. En esas, Bugno se plantó en la Vuelta a España de 1998, al borde de la retirada, con la idea de ayudar en lo que pudiera al ciclotímico Vandenbroucke, y no quiso irse de vacío.


Fue la gran Vuelta del Chava Jiménez, aquella en la que ganó cuatro etapas de montaña y vistió de amarillo hasta el último día, que cedió contrarreloj frente a Abraham Olano y Fernando Escartín. Bugno tenía 34 años y no contaba para nadie. Su Vuelta estaba siendo tan anodina como el resto de la temporada, pero camino a Jaca se coló en una escapada de once hombres que fue reduciéndose según avanzaba un terreno pestoso, de ascensiones y bajadas constantes, para sufridores.


A falta de 25 kilómetros solo quedaban cuatro hombres delante: Sgambelluri, Uriarte y Santi Blanco, la eterna promesa del ciclismo español de los 90. Bugno atacó con un demarraje seco que nadie pudo seguir y a partir de ahí puso de nuevo la calculadora en marcha. Como si aquello fuese el Giro del 90, Gianni avanzó y avanzó camino de la meta y acabó con una ventaja de casi dos minutos sobre Blanco, segundo aquel día. Él sabía que era el final y no dejaba de ser un final precioso, brazos en alto de nuevo, doce años de profesional sin dejar de ganar nunca.


Todo para ser recordado como un ilustre perdedor.


Aquel invierno colgó la bici y se dedicó a vivir lejos de los focos, como un niño liberado. Se dedicó a su pasión por los helicópteros y sacó la licencia de piloto de rescate. En 2008 incluso se animó a llevar el helicóptero de carrera del Giro de Italia. Es lo más cerca de una bicicleta que le hemos vuelto a ver. Ahora, como Romario, se dedica a la política. Los extremos, tarde o temprano, se tocan.

jueves, 28 de mayo de 2015

Juana Fernández: Triunfa en rol de madre y ciclista de alto nivel

La capitalina Juana Fernández se ha distinguido por ser una gran pedalista y es --sin quizás-- la mejor atleta dominicana de todos los tiempos en esta exigente disciplina deportiva. La actual campeona de ruta del Caribe y ex campeona Intercontinental de Pista (Cuba) también ha realizado un excelente rol como madre.

Desde que sus inicios, Juana Fernández se ha dedicado en cuerpo y alma al ciclismo, disciplina de la que ha sido una de sus principales exponentes. Figura con sus hijos, Aaron y Sigfredo

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Mucho antes de que sus niños Sigfredo y Aaron despierten, ya Juana Fernández desafía el peligro en ocasiones latente para los ciclistas, ya sea escalando las alturas de Resolí, en San Cristóbal o recorrer la tumultuosa avenida Las Américas con destino a Boca Chica y algunos parajes aledaños.

Estas, representan parte de las exigencias propias de la carrera con la que se enamoró en el deporte, claro siempre que anhele hacerlo con la pasión que le permita el que a su más de 40 años conquiste competencias tan importantes como lo hizo en el 2014 en el Campeonato de Ciclismo del Caribe, donde clasificó para los Centroamericanos de Veracruz, México y ser propietaria de una hoja de servicio tan positiva que la colocan en el pódium de las tres pedalistas de mayor renombre en la historia del ciclismo femenino del país.

Y es que Juana ha dedicado casi toda una vida al ciclismo dominicano, cuya exitosa carrera se percibe tan pronto se ingresa a su hogar y observa en paredes y anaqueles la extensa colección de medallas, placas y trofeos, de diferentes tamaños y colores que sin imaginarse mucho se llega a la conclusión de que en esa vivienda reside una campeona del deporte.

Empero, el alcanzar ese rango requiere de grandes sacrificios y dedicación, que a pesar de triunfar en más de un centenar de carreras no son debidamente recompensados como lo merece una atleta de su nivel, que cada día temprano sale a entrenar, pero quien de cualquier formas se las arreglas para que su pasión por los pedales no le afecte el amor de madre que debe proporcionarle a sus hijos.

Juana Fernández en el escalón más alto del podio de los Campeonatos de Ciclismo Elite del Caribe, Puerto Rico, 2014.


Vida entre ciclismo y ser madre

A pesar de que desde antes de las seis de la mañana su vida transita entre las ruedas, Juana plancha los uniformes escolares, prepara las loncheras de sus vástagos de ocho y cinco años, quienes en la hora matutina tienen que asistir al colegio Jardín Divino siempre acompañado de sus tías Dolores o Pascuala Veras, quienes residen próximo.

“Trato en todo caso de brindarle algo al ciclismo, pero sin nunca descuidarme de la educación, alimentación y el cariño que requieren mis hijos por parte de su madre”, expresa la consagrada atleta, cuyos dos retoños también comienzan a experimentar el sabor del éxito que brinda el deporte, pues entre las decenas de reconocimientos de su progenitora se perciben unas “medallistas” ya obtenidas por ellos en duatlón, además montan bicicletas y tienen sus pequeños uniformes, cascos, además de estar en natación.

Buscar a sus infantes al colegio, tenerle siempre listos sus comidas, ayudarle a realizar las tareas escolares, educarlo siempre por el buen camino, llevarlo a entrenar en la tarde, brindarle el amor de manera sincera, son de las cosas que marcan la cotidianidad de esta deportista, que precisamente mediante el ciclismo fue tocada por cupido una tarde cualquiera mientras se encontraba en la tienda de bicicleta de su amigo Marcos Gratereaux (Champion Bike), en Nueva York, lugar a donde llegó Sigfredo, hoy padre de sus hijos, quien primero la confundió con la esposa del dependiente para luego de aclararse las cosas, invitarla a cenar y desde ahí nació lo que es hoy su familia, aunque su pareja aún reside en Estados Unidos.

Su inspiración como atleta inició de la mano de su hermana Pascuala Veras, una reina de los maratones, Juana tuvo una época efímera en el atletismo, luego fue clavadista en natación, comenzó a alcanzar renombre en triatlón, disciplina en la que comenzó a lograr notoriedad. Para ello sus triunfos y éxitos han requerido de muchos sacrificios, uno de ellos aconteció en el 2014 cuando conquistó el Campeonato del Caribe en Puerto Rico, en cuyo viaje tuvo que llevarse a sus dos retoños, pues para entonces su hermana no podía brindarle las atenciones.

El gran día de la competencia representa uno de esos acontecimientos para nunca olvidar, primero no quiso dejar los niños solos en la habitación del hotel, lo llevó a la prueba, lo sentó en un lugar y cada vuelta que daba en el circuito siempre echaba una mirada a donde los había dejado “sentaditos”, por suerte que Sigfredo y Aaron como buenos obedientes nunca se movieron al parecer hipnotizados por el recital de carrera que registraba su madre, quien para entonces recorrió los 81.8 kilómetros en tiempo de dos horas : 28 minutos y 24 segundos, con lo cual venció a Zeenique Williams, de Bermudas (2:29;25) y Mellizza Alexandro, de Martinica (2:29;26).



Juana Fernández compitió y ganó estando embarazada

Pero esta relación madre-hijos en el ciclismo y el hogar viene desde que tuvo a sus vástagos en el vientre, pues con los dos embarazos permaneció los primeros tres meses no solo montando, sino conquistando carreras, tras nacer los llevaba a ambos para las carreras, uno montando su “bicicletica” y el otro en el coche.

“La seriedad y disciplina que ha mostrado en el ciclismo son factores vitales en su éxito”, expresa Vero Moreno, veterano entrenador, quien por unos 20 años ha laborado con ella, primero en su formación y más tarde en el desarrollo registrado en una carrera Con más de 20 años adscrita a la Fuerza Aérea Dominicana, Juana en dos ocasiones (1994 y 1996) fue reconocida como la mejor atleta de los Juegos Militares, fruto de haber conquistado la mayor cantidad de medallas, por ejemplo en los de 1996 alcanzó la friolera de siete doradas, en varias oportunidades ha sido galardonada como la mejor atleta en ciclismo por el Comité Olímpico Dominicano y la Asociación de Cronistas Deportivos. Ella agradece todo el soporte que le ha brindado el actual Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea Dominicana, Mayor General piloto Elvis Marcelino Feliz Pérez. (Pedro G. Briceño/LISTÍN DIARIO/28 de mayo 2015).

lunes, 18 de mayo de 2015

José Alberto Genao Guzmán (El Chino): Uno de los mejores velocistas con que ha contado la República Dominicana

El dominicano José Alberto Genao Guzmán (El Chino) ha sido considerado como uno de los mejores pistares con los que ha contado la República Dominicana. También ha descollado en la categoría Master a nivel nacional e internacional.

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- La primera vez que vi competir a José Alberto Genao fue en 1976, dos años después de disputados los XII Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 1974. En esa ocasión, específicamente cuando la tarde arropaba la noche, en el Velódromo Olímpico Juan Pablo Duarte sólo se escuchaba un clamor, ya que el vecino de Villa Juana disputaba la prueba de velocidad juvenil, una de las más excitantes en esta modalidad.

Más tarde, en 1978, cuando se escenificaron los XIII Campeonatos Panamericanos de Ciclismo de Ruta y Pista en República Dominicana, El Chino Genao era uno de los favoritos de la afición criolla para la prueba reina: los 200 metros velocidad; y aunque no obtuvo medalla, fue considerado por varios técnicos de las delegaciones extranjeras participantes como un corredor con futuro en ese menester de los fuertes y duros demarrajes. Sus padres son José Nicolás Genao y María Agripina Guzmán.

Se inició en 1975 en el club Leo Franco, en la categoría turismera, motivado por los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe. Es memorable su primera participación con la bicicleta de tres cambios, ya que se llevó las palmas en aquel circuito cerrado de esos tantos que se efectuaban cada domingo en diferentes barrios de la capital.

José Alberto --El Chino-- Genao Guzmán (centro) posa con miembros de su equipo Fénix-Isuzu-D-Max  luego de conquistar la categoría Master B del Clásico Casa de España. Figuran desde la izquierda, Hécto --El Piri-- Meléndez, Fausto --Chicho-- Henríquez, Ezequiel --La Bala-- Henríquez, Julio César --Katana-- Herrera, Genao Guzmán, Víctor Daniel --El Furgón-- Feliz Arias, Renato Joaquín Peña y Leonardo --Leofreno-- Vásquez. En cuclillas, Antonio --Yimi/Guaricano-- Morales y Martín --Bobolandia-- Olivo.

En 1976, luego de ganar el campeonato turismero, pasa a la división juvenil en la que también se granjeó los títulos de campeón distrital y nacional, siendo considerado por la Asociación de Cronistas Deportivos de Santo Domingo (ACD) como ciclista más destacado.

En 1977, Genao resulta campeón nacional de pista y ruta corriendo para el Club Mauricio Báez, en el que es considerado uno de los grandes ases de esa institución deportiva, cultural y comunitaria. Ese año es catalogado como el Mejor Ciclista por la ACD.

En esa temporada, Genao forma parte de la selección nacional que accionó en los Campeonatos Mundiales de Ciclismo de San Cristóbal (Venezuela) donde tiene la oportunidad de conocer al legendario ciclista belga Eddy –El Caníbal—Merckx.

José Alberto --El Chino-- Genao, izquierda, comanda la escapada en uno de los emocionantes y esperados circuitos cerrados domingueros realizados en el sector de Villa Juana, Distrito Nacional. Figuran también Jacobo --Boquelata-- Almonte, Belén y Héctor Rondón, entre otros destacados corredores de la década de los 70s. (Ciclismo Dominicano: Héroes e Historias).

En ese magno evento desfila junto a Fátimo Reyes y el también destacado entrenador cibaeño Reynaldo –Jorgito—Villalona (ver galerías de fotos).

En 1978, El Chino Genao integra la selección de pista de los Campeonatos Panamericanos de Ciclismo efectuados en el país. En aquella oportunidad llegó a octavo de finales, impresionando a los entrenadores foráneos que --reconociendo el poco tiempo del ciclismo dominicano en eso de la pista peralteada (ver copias de periódicos)-- veían en Genao “un ciclista con mucho futuro”.

En la Primera Vuelta Ciclista Internacional al Valle de Cibao, Genao, aprovechando sus dotes demarradoras, se clasificó tercero en las metas volantes. Pero en la segunda versión de la ronda cibaeña la suerte le desfavoreció tras sufrir un accidente en la última etapa.


El turismero José Alberto --El Chino-- Genao Guzmán comanda el grupo en una de las carreras efectuadas en el velódromo.

En 1981, formando parte de la Marina de Guerra, gana varias medallas como atleta militar, destacándose en los 4000 metros persecución por equipos, y fue medallista de bronce en el kilómetro a tres (velocidad olímpica). Ese mismo año emigra hacia los Estados Unidos.

Reaparece en 1990 como corredor Elite en la escuadra capitalina RAAMAL con el cual obtuvo la medalla de oro por equipo en 1993.

José --El Chino-- Genao (derecha) junto a los también criollos Lorenzo --Len-- Faña, Amable Capellán y Francisco --Panadero-- Muñoz, en una de las competencias de ruta de los Campeonatos Panamericanos de Ciclismo Master 2009.

El pasado año (2009), logra seis medallas de plata en los Campeonatos Panamericanos Máster. Genao fue subcampeón en la prueba contrarreloj por carretera de la master 50, y se anotó cinco preseas plateadas más en la persecución por equipo, formando cuarteta con Romanosky Medina, José Frías y Raymond Hernández.

José Alberto Genao también descolló en el kilómetro individual.

Posee los títulos de campeón en su categoría del Triple Cien Master, Clásico Casa de España, varias etapas de la Copa Master Distrital Licimadi, entre otras pruebas de importancia y significado en el país, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos y Europa.


LOGROS MÁS IMPORTANTES:

-- Seis medallas de plata en los Campeonatos Panamericanos de Ciclismo Máster Santo Domingo 2009.

--Participación en los Campeonatos Mundiales de Ciclismo Venezuela 1978.

-- Participación III Campeonatos Panamericanos de Ciclismo 1978.

-- Sub campeón de Metas Volantes de la Vuelta Máster a Colombia.

-- Campeón Nacional Categoría Turismera 1975.

-- Campeón Nacional Categoría Turismera 1976.

-- Campeón Nacional Juvenil 1976

-- Campeón Nacional Juvenil de Pista y Ruta 1977.

-- Primeros lugares Máster en Clásicos y Grand Prix de Miami.
Ramón Martín Olivo junto a la cuarteta ganadora de medalla de plata de los Campeonatos Panamericanos Master 2009. Figuran junto a Olivo, José --Rubito-- Frías, José --Chino-- Genao, Romanosky Medina y Raymond --Batata-- Hernández.



MÁS PARTICIPACIONES INTERNACIONALES


* Circuitos y Criterium en Miami, Florida. Campeón Master 40

* Vuelta Master a Colombia

* Vuelta a Costa Rica

* Clásico Coquí Dorado, Cayei, Puerto Rico

El legendario velocista José Alberto --El Chino-- Genao Guzmán lidera el lote en pleno peralte del velódromo.

En tal sentido, creo que José Alberto Genao (El Chino), un gran atleta dominicano que también ha tenido un digno comportamiento como ciudadano, merece estar formando parte de las Viejas Glorias del Deporte Dominicano, renglón incluido en el oportuno Programa de Apoyo a los Atletas de Alto Rendimiento, Nuevos Valores e Inmortales (PARNI) que los gobiernos del Honorable Presidente doctor Leonel Fernández Reyna han implementado y sostenido a través de su Ministro de Deportes, licenciado Felipe –Jay—Payano, y del Vice-Ministro Junior Arias Noboa. (Ponderación del Lic. Ramón Martín A. Olivo, Miembro de la Asociación de Cronistas Deportivos de Santo Domingo ACD).




jueves, 14 de mayo de 2015

Catalán Miguel Poblet uno de los pioneros del ciclismo español


El ciclista catalán Miguel Poblet (1928-2013) fallecido a los 85 años, de una insuficiencia renal, en Barcelona, es considerado como el padre del ciclismo español y fue el primer ibérico en ganar la Milán-San Remo y ponerse el maillot amarillo del Tour (1955).

Catalogado como el mejor ciclista catalán de todos los tiempos y uno de los pioneros del deporte de las bielas humanas en España, Poblet, quien nació en Montcada i Reixac, Barcelona (1928), empezó a competir en 1944, cuando con apenas 16 años logró una licencia federativa, y lo hizo a lo largo de casi dos décadas, hasta 1962.

Una pasión que le llegó desde la cuna, cuando pasó su infancia entre pedales y manillares. Su padre, Enric, poseía una tienda de bicicletas en su localidad natal, Montcada. En aquel taller, el pequeño 'Miquelet' descubrió un mundo que le acompañaría durante toda su vida.

Revolucionario e innovador en su técnica, este esprinter se convirtió en leyenda a partir de mediados de los años cincuenta, no solo entre los aficionados locales, sino en el extranjero, y muchos años tuvieron que pasar para encontrar una figura similar en el ciclismo español.

En 1955, Poblet se convirtió en el primer corredor español en enfundarse el maillot amarillo del Tour y, al año siguiente, fue el primer ciclista en sumar victorias de etapa en las tres grandes rondas: Tour de Francia, Giro a Italia y Vuelta a España.

Un palmarés en el que acumuló 62 victorias en total y en cuyas vitrinas destacan también dos Voltes a Catalunya, tres campeonatos de España de Montaña, siete campeonatos de España de Velocidad y siete de España por Regiones, así como veinte victorias de etapa en el Giro, tres en el Tour y tres en La Vuelta a España.



Amante de las carrera clásicas

Aunque le atraía ganar tramos parciales en las tres grandes rondas, lo que encandilaba a Poblet eran las “clásicas”. Destacó especialmente en la prueba Milán-San Remo, que conquistó en dos ocasiones (1957 y 1959), siendo el primer español en lograrlo y ganándose la admiración de los seguidores italianos.

De aquellas carreras quedan en el recuerdo sus duelos contra míticos rivales como los belgas Van Steenbergen y Risk Van Looy, el francés Darrigade o su compatriota Federico Martín Bahamontes. Su gran espina clavada fue, en este sentido, la exigente París-Roubaix, que se le escapó por pocos centímetros.

La “Flecha amarilla”, apodo que le atribuyeron cuando lideraba el equipo Ignis, fue uno de los sobrenombres que recibió a lo largo de su trayectoria el "Bebé de Montcada". Su corta estatura y su robusta constitución le valieron también el de “Sancho Panza”, mientras que en tierras italianas le llamaron “Il gato mágico”' o “Mig”, en referencia a los veloces aviones militares rusos.

Empezó sus pasos como profesional en la Unió Esportiva Sants y a ella siguió ligando su vida a este deporte cuando aparcó la bicicleta a partir de 1962, pues fue organizador de la Volta a Catalunya (prueba de la que ostenta el récord de victorias de etapa) y presidente de la Federación Catalana de Ciclismo.

Entre otros muchos reconocimientos, en diciembre de 2002, en reconocimiento a su contribución a la proyección del ciclismo y el deporte, el ciclista catalán recibió la Cruz de Sant Jordi, máxima distinción que otorga la Generalitat de Cataluña, siendo el segundo deportista en recibir dicho reconocimiento desde su creación (Extracto de Marca.com).

jueves, 16 de abril de 2015

German Elpidio Matos Espinal uno de los grandes esprinters

El veterano pedalista German Elpidio Matos Espinal mientras llevaba a su rueda a Gina Figueroa Gooding en una competencia master en la que también se le daba participación a las damas.

SANTO DOMINGO.- El rodador esprinter German Elpidio Matos Espinal nació en el municipio Los Ríos, de la provincia de Neyba, pero siendo niño se trasladó con su familia a la ciudad de Santo Domingo, específicamente a la barrida Buenos Aires, de Herrera, siendo uno de los principales deportistas que ha tenido dicha vecindad.

Los padres de "El Negro", como también es llamado por sus más cercanos, son Anastacia Espinal y Alberto Matos Sierra.

German Matos Espinal se inició en la prácticas del ciclismo en 1982 en la mítica categoría turismera (bicicleta de tres cambios y timón mariposa) en el equipo CIMBAH (Club de Ciclismo del Buenos Aires de Herrera), motivado por el entrenador Enrique Marte y varios corredores de la desaparecida institución ciclista.

Recuerda que para aquel entonces era dirigido por Marte, e integró el equipo amarillo con negro junto a Ramón Elías Adames (El Gallo), Bienvenido Terrero (Ruddy), el fenecido Rafael Toribio (Yimi), Ramón Díaz (Caquitoebola), entre otros.

Un aspecto que caracteriza a Matos Espinal es su gran coraje sobre la bicicleta y su capacidad para recuperarse tras sufrir accidentes que le han costado fracturas del fémur, clavículas, caderas y costillas (el último accidente del cual muchos pensaron que no se iba a recuperar fue en una Prueba MTB en Parejas, compitiendo con su hijo German Antonio Matos Blanco.

German Elpidio Matos Espinal (de blanco y mangas rosas) en pleno pelotón en una de las ediciones del Triple Cien Master.


Matos Espinal formó parte varias veces de la selección nacional, siendo una de ellas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santiago 1986, certamen en el que compitió en los eventos de pista.

Entre sus grandes logros están el Campeonato Nacional de Ruta de 1991, disputado con tres carreras, y en el que representó al Distrito Nacional.

En su segunda fase como ciclista Élite, Matos Espinal formó el equipo RALI, integrado por Bienvenido --Ruddy-- Terrero, Wady Núñez, Víctor Hernández, José Ramón Pineda (Caballón), Pachy y Rafael Cuevas (Chimbolo).

Para ese entonces, el equipo azul logró varios títulos de campeones como la Copa Cero de Oro, entre otras carrera de dos y un día.

Ramón Martín Olivo (Team Pepsi Rojo) y German Elpidio Matos Espinal (Pepsi Naranja) en una carrera Licimadi.


También ha representado al país en países como Colombia, Puerto Rico, Estados Unidos, Martinica, Guadalupe, entre otras.

Como ciclista master, German Matos se adjudicó carreras puntuables del Campeonato de la Liga de Ciclismo Master del Distrito Nacional (Licimadi).

En carreras de un día se impuso en el Clásico Nacional Fénix 1999 en el que protagonizó una larga escapada con lo no menos destacados John Figueroa Medrano, Baldemiro Brea y Francisco Muñoz (El Panadero).

En el Clásico Fénix, disputado en la avenida Mirador Sur, Matos Espinal obtuvo los títulos de campeón Overall, Master 30 y líder de metas volantes, de la carrera organizada por el Club Deportivo y Cultural Fénix que preside el licenciado Ramón Martín Olivo.
German Matos (Club Los Cocuyos) seguido por Ángel Quezada (Fénix-Seguros Universal-Dalsan-Don Juan Beach Resort).


Mientras que en el Clásico El Gallo, también disputado en la Avenida de la Salud en 2003, Matos se granjeó el título de campeón de la master abierta, recorriendo los 60 kilómetros en una hora, 13 minutos y 45 segundos, seguido en ese mismo orden por sus compañeros de fuga Bernie González (Aro & Pedal), Rafael Poueriet (Gomas Anchas), Rafael Peguero (North Bike) y Juan Freddy de Jesús (Los Cocuyos).

En ese mismo renglón también descollaron el co-equiero inseparable de Matos, Ramón Adames; Francisco Muñoz (Club Fénix), Alfonso Viego y Bienvenido Terrero, ambos de Los Cocuyos.

En esa ocasión, Ramón Santos (Club Fénix) obtuvo los máximos honores en la Master C siendo acompañado en el podio por José Arias (Cocuyos) y Félix Tolentino (Gomas Anchas). Mientras que Víctor Capoy (Fénix) y Edgardo Mateo (Cocuyos) se ubicaron en cuarto y quinto lugar, respectivamente.

En la división masterdontes (Heavyweight), Francisco Bloises (Nort Bike) hizo lo propio al desplazasr a Alex Ureña, Martín Olivo, Juan Ramos y Fausto Boissard.


German Matos (Los Cocuyos) a la rueda de Ángel Quezada (Fénix-Seguros Universal-Dalsan-Don Juan Beach Resort).


OTROS TRIUNFOS DE GRAN IMPORTANCIA FUERON:



1. Campeón Nacional de Ruta 1991 (Selección Distrito Nacional).

2. Clásico Navideño 1985, primer lugar superior.

3. Clásico Juan Pablo Duarte 1986, Primer lugar.

4. Vuelta Ciclista Independencia Nacional 1986 (primer lugar en primera etapa).

5. Clásico Marino García 1991 (primer lugar, superior).

6. Vuelta Ciclista Independencia 1994 (tercer lugar en segunda etapa)

7. Clásico Batalla 30 de Marzo 1994 (cuarto lugar).

8. XI Copa Ciclista Cero de Oro 1997, tercer lugar, etapa.

9. Carrera Licimadi 18-05-1997, 5to. Lugar Master.

10. Clásico Nacional Fénix 1997, 5to. Lugar
German Elpidio Matos Espinal, escalando Jarabacoa, cuando formaba parte del team Lowenbrau-San Cristóbal.



11. Copa Cero de Oro 1997, campeón Master.

12. Clásico Aro & Pedal 1998, campeón master.

13. Torneo Ortiz Celado, Campeón de Metas Volantes 23-06-1985

14. Copa Cero de Oro 1993, tercer lugar categoría Superior.

15. VI Clásico Master Fénix (Grand Prix Wiche García Saleta) campeón metas volantes.

16. Prueba de la Verdad (S.F.M.) 1999, primer lugar Master.

17. Clásica de la Hispanidad 1999, Primer lugar Master.

18. Prueba MTB en Pareja 2002, primer lugar.(Tomado de “Ciclismo Dominicano: Héroes e Historias” por Ramón Martín Olivo).