Por Elías Wessin Chávez.-
SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Ahora resulta que la izquierda progre ha decidido anclarse (con la solemnidad de quien cree haber descubierto el Santo Grial lingüístico) en un chiste que el presidente Donald Trump hizo sobre el idioma español.
Con ese hallazgo, según ellos, queda impugnado nada menos que el significado del llamado “Escudo de las Américas”, encuentro en el que participaron presidentes aliados de Hispanoamérica.
La escena es digna de estudio antropológico, una broma, pronunciada en inglés, en un ambiente distendido entre mandatarios, convertida por la progresía continental en un caso de alta 'diplomacia cultural'. Un chiste elevado a incidente hemisférico.
Conviene recordar (aunque a algunos les resulte doloroso) que las expresiones idiomáticas en inglés muchas veces tienen una connotación distinta a su traducción literal al castellano. El contexto, el tono y el ambiente importan. Pero claro, cuando el objetivo es fabricar indignación, los matices sobran.
Es la vieja costumbre de hacer de un vaso de agua una tormenta, deporte en el cual la izquierda militante compite olímpicamente.
Lo curioso (o más bien lo irónico) es que esta misma izquierda se ha dedicado durante décadas a redefinir palabras, conceptos y hasta la biología, agrediendo no solo el idioma de Miguel de Cervantes, sino también el sentido común.
Por ejemplo, sostienen con admirable seguridad metafísica que existen más de cien géneros: no binarios, agéneros, intergéneros, transgéneros, bigéneros, género fluido, y seguramente pronto aparecerá el género “meteorológico”, que cambia según la presión atmosférica.
En el campo del aborto libre (o de las tres causales) han decidido que el feto es un “producto”. No un ser humano en desarrollo, sino una especie de artículo biológico en proceso de devolución.
Pero cuando un presidente hace una broma sobre el español, entonces sí, crimen cultural contra la humanidad.
En fin, si vamos a jugar al campeonato mundial de las interpretaciones lingüísticas, resulta difícil imaginar que la progresía tenga la autoridad moral para descalificar un acuerdo hemisférico destinado a enfrentar amenazas reales como el narcoterrorismo, el crimen organizado y la desestabilización regional, simplemente por una expresión jocosa.
Porque si de juegos de palabras hablamos, los verdaderos campeones (aunque no precisamente en la categoría de humor) son ellos.
Ahí está el manual clásico del socialismo contemporáneo,
si fracasa el modelo, no es culpa del socialismo, es el bloqueo.
Y el concepto de lacayismo, ese también depende del cristal ideológico con que se mire.
Si China usufructúa enormes porciones de tierras en Nicaragua y desplaza comunidades indígenas, entonces se trata de “solidaridad revolucionaria”.
Pero si lo hacen los Estados Unidos, inmediatamente estamos ante “expolio imperialista”, “colonialismo” y, con un poco de entusiasmo retórico, hasta “genocidio”.
En resumen, la progresía continental se ha agarrado de este chiste como quien se agarra de un clavo ardiendo para evitar discutir lo verdaderamente importante.
Y eso, más que el chiste de Trump, dice todo lo que necesitamos saber sobre la coherencia intelectual de nuestros críticos.
¡Comprenden!







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