Por Álvaro A. Caamaño S.-
SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Al hablar de la Independencia Nacional se hace imperativo mencionar la nación, como conjunto étnico poblacional que comparte una misma cultura y una misma comunidad idiomática. No siempre se asienta en un mismo territorio y es capaz de reproducir, de manera permanente, sus condiciones materiales de existencia.
La nación asentada en el país, que se conoce hoy como República Dominicana, tiene un trayecto de formación histórica de 532 años. Esto comenzó a partir de la llegada a nuestras tierras vírgenes —sin invitación— de los primeros europeos con Cristóbal Colón.
El cruce biológico con los taínos, habitantes autóctonos de la isla, y la imposición cultural, más el sistema de explotación inhumano a que fueron sometidos, produjeron el exterminio de la población nativa, que fue gradualmente sustituida, en un proceso acelerado, por negros africanos convertidos en esclavos. El resultado, a través del tiempo, fue el sincretismo cultural que identifica en la actualidad al pueblo dominicano como pueblo mulato.
Los negros traídos como esclavos fueron explotados de forma inmisericorde, de tal manera que se veían impelidos de escapar hacia los montes como forma de rebelión contra el maltrato que se les daba en la gran plantación y en los ingenios. A esos que evadían la explotación esclavista les llamaron negros cimarrones, con la intención de degradarlos a la condición de animales. Los colonos no podían admitir que fueran seres humanos luchando por su libertad.
La rebelión y la resistencia es lo que ha caracterizado la conformación de la nación dominicana para pervivir como pueblo «libre». Este producto histórico que se llama nación dominicana resistió a los españoles, ingleses, franceses y haitianos antes de lograr su independencia, y después de esta ser proclamada, se enfrentó a dos imperios en los siglos XIX y XX. Todas estas vicisitudes pudieron ser superadas gracias al germen heroico presente en la nación.
República Dominicana tuvo su primera emancipación del dominio español en 1821 con la proclamación del Estado Independiente del Haití Español, liderado por el doctor José Núñez de Cáceres. Este trascendental hecho creó las bases para marchar junto a los pueblos sudamericanos por el camino de la emancipación que había abierto el gran Simón Bolívar. Factores internos y externos, que no serán analizados en esta oportunidad, impidieron el progreso y la permanencia de este proyecto emancipador. La «independencia efímera», como le llaman varios historiadores a este primer intento con posibilidades relativas de éxito, fue interrumpida por la invasión del presidente haitiano Jean Boyer.
Es propicio recordar que el 20 de julio de 1814 mediante el Tratado de París, Francia le devolvía a España todos los derechos sobre la posesión de la parte oriental de la isla de Santo Domingo, la cual ese país se había adjudicado en 1795 mediante el Tratado de Basilea. Este hecho fue crucial, pues desde 1801 la Constitución de Toussaint planteaba que la isla era una e indivisible bajo el espectro del mencionado Tratado. De igual manera la Constitución de Dessalines reivindicaba la isla, como también se planteaba en la Constitución haitiana de 1816.
En 1822 se produce la invasión del Estado Independiente del Haití Español bajo el protectorado de la Gran Colombia, como fue su proclamación formal, que finiquitaría en 22 años pero que solo duró dos meses. La toma de la parte española se llevó a cabo sin disparar un solo tiro, pues la maquinaria militar que acompañaba a Boyer era formidable e intimidante. Ese mismo tono tuvo su mensaje que, al parafrasearlo, se aprecia su sutil amenaza: No vengo como conquistador, proclamó, sino como libertador, pero si alguien se opusiera, cuento con fuerzas suficientes para imponerla de otra forma.
Las medidas del Gobierno interventor fueron relativamente progresistas, en tanto que abolieron los remanentes de la esclavitud colonial, contribuyeron a la aparición del campesinado temprano e incentivaron la producción agraria, entre otras. Pero los pasos concretos para lograr la haitianización de los habitantes de la parte este, sometidos a la condición de minoría nacional oprimida en su propio territorio, no fueron bien vistos por los habitantes del antiguo Estado Independiente del Haití Español.
El nuevo Gobierno haitiano incorporó a un sinnúmero de personas al ejército, a través de la creación de los batallones 31 y 32, así como incluyó representantes al Congreso con la departamentalización del territorio de la parte este. La imposición de la lengua francesa para los documentos oficiales fue otra de las medidas derivadas de la fusión de la isla. Al decir del historiador dominicano Emilio Rodríguez Demorizi (1971), Boyer consultó al general Guy Joseph Bonnet sobre la toma de la parte este; el general Bonnet le advirtió que la unificación de la parte oriental sin la total voluntad de la parte este era un error. También le aconsejó que no se dejara llevar por la presión del ejército. Llegó a plantearle que la indisciplina del ejército podría crear tensiones en la población de la parte oriental. Y le sugería la posibilidad de otra forma de unificación sin los militares. Pero Boyer estaba comprometido a entregarles tierras a los generales que le ayudaron en la unificación de Haití y esas tierras estaban en la parte este, pues Haití estuvo dividido en dos repúblicas después del asesinato del emperador Dessalines: en el norte gobernó Henri Christophe y en el sur Alexandre Pétion. Con la muerte de ambos, Boyer logró la unificación de Haití con el apoyo del ejército, y la compensación eran las tierras de la parte este, anterior Estado Independiente del Haití Español.
Consumada la invasión, la euforia del progreso haitiano comenzó a desvanecerse. Boyer perdió su popularidad inicial al tener que tomar medidas que afectaron tanto a la parte oeste como la del este. Francia le exigió al Gobierno haitiano el pago de 150 millones de francos para reconocerle su independencia. Bajo la consigna del trabajo patriótico, Boyer penalizó a ambos pueblos con impuestos leoninos para poder cumplir con el pago a Francia. Impuso el Código rural, en 1826, que convirtió al campesino en una especie de siervo, apegado a la propiedad donde laboraba, una reedición de las medidas de Toussaint en la antigua colonia francesa en armas; estableció un impuesto del 5 % sobre el valor de la propiedad inmobiliaria, y le aplicó a los habitantes de la parte este la contribución de 461,309 gourdes anuales. Todo esto fue asentando las bases para el despertar de los dominicanos.
Señala Franklin J. Franco que el desarrollo desigual era notorio. En la parte este crecía la producción, mientras que en la parte oeste, en Haití, se evidenciaba un descenso. Es evidente que fue surgiendo una pequeña burguesía urbana, que comprendió el estado de opresión al que estaban sometidos por el Gobierno haitiano. Este descontento fue desarrollándose también en la parte oeste.
Duarte en el proceso de la dominación haitiana
Juan Pablo Duarte nació durante el período de la España Boba, en 1813, época en la que gobernaban la colonia Manuel Caballero en lo militar, y José Núñez de Cáceres en lo político. En 1814, el capitán general era Carlos Urrutia; en 1818, el gobierno colonial lo desempeñó Sebastián Kindelán; en 1821, Pascual Real, y luego Núñez de Cáceres en 1821. Durante ese período, seis gobernadores habían pasado por la administración colonial, lo que denota una gran inestabilidad. La familia Duarte conoció la evolución política de los últimos años de vida colonial y los 22 años del dominio haitiano.
El joven Duarte fue enviado por sus padres, en 1828, a Europa para estudiar. En su periplo conoció el desarrollo político y filosófico del mundo europeo, las luchas por la libertad, el pensamiento de vanguardia de Locke, Rosseau, Montesquieu, Mazzni y otros. Retornó a la patria en 1833.
Duarte organizó el movimiento secreto La Trinitaria, cinco años después de su retorno. Esto le permitió conocer a fondo la situación del pueblo y la opresión haitiana. Sabía que el pueblo dominicano era diferente al haitiano y tuvo conciencia de que el dominicano era un pueblo oprimido. Eso le inhibió de colaborar con el Gobierno haitiano, sino que entró al ejército para ganar experiencia y luchar en el movimiento de la Reforma para derrocar a Boyer. La Trinitaria, como instrumento político creado por Duarte en 1838 para alcanzar la independencia, incorporó a decenas de jóvenes, unidos en la aspiración de crear una república libre de toda potencia extranjera. Duarte pudo interpretar las contradicciones que se originaban en el sector liberal haitiano y de esa manera logró vincular a La Trinitaria de forma clandestina a la lucha contra el gobierno despótico de Boyer.
Derrocado Boyer con la revolución de Praslin, los liberales haitianos asumen el gobierno y nombran a Charles Hérard Ainê como presidente. Esa coyuntura se tradujo en una gran oportunidad para los trinitarios, pues les permitió asumir otras tares políticas de alta importancia, como la organización de las juntas populares para la elección de los representantes en las comunidades y en el Congreso haitiano, y promover el proyecto de separación en varias poblaciones del interior. La revolución de la Reforma fue la gran oportunidad de los trinitarios para la movilización política en gran parte del territorio de la parte este, donde otros agentes sociales se identificaron con las ideas de Duarte y se vincularon a la lucha.
La Trinitaria barrió en las elecciones para los puestos municipales, esto alertó al Gobierno haitiano. El propio presidente Hérard vino a la parte este en junio de 1843, informado por delatores dominicanos sobre los planes de Duarte. El presidente tomó medidas drásticas, como la purga en el ejército contra los hermanos José Joaquín, Eusebio y Gabino Puello, y otros como Felipe Alfau. Apresar a Duarte era un objetivo estratégico del presidente haitiano, por lo que este tuvo que salir del país junto a otros trinitarios, para preservar su vida, a principios de agosto de ese mismo año.
Duarte dejó La Trinitaria bajo la jefatura de Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, quienes promovieron una política de acercamiento y alianza con el sector conservador prohaitiano que luego fue profrancés. Los liberales haitianos en el Congreso propusieron una reforma a la Constitución para permitir que los habitantes de la parte este se pudieran casar con mujeres haitianas y tener bienes inmuebles en Haití, pero la moción fue derrotada. Esto demostró el carácter xenófobo de los haitianos y los liberales comprendieron que no tenían nada que buscar allí, por lo que decidieron hacer contacto con la diplomacia francesa y comenzar con el proyecto proteccionista llamado Plan Levasseur. Los demás sectores que estaban dispuestos a salir de la dominación haitiana, como los proespañoles, y los proingleses, se sumaron al frente que produciría la gran epopeya del 27 de Febrero de 1844.
Dentro de los pasos claves de ese momento histórico estaba la de contactar a personajes de destacada solvencia moral y patriótica, como a los hermanos Ramón y Pedro Santana, y los hermanos Puello, entre otros. Duarte, desde el exterior, hizo innumerables diligencias para contribuir con la causa libertaria, sin lograr resultados positivos, por lo que solicitó a su familia la venta de su casa para apoyar la acción emancipadora. El frente aliado se galvanizó con el Manifiesto del 16 de enero de 1844, redactado por Francisco del Rosario Sánchez, quien era abogado de oficio. El manuscrito se le envió a Tomás Bobilla para su corrección. Este instrumento jurídico fue supletorio como Constitución, hasta la elaboración de la Constitución del 6 de noviembre de 1844. El mismo planteaba las causas por la cual la parte este se separaba de Haití, así como las características del nuevo Estado.
Todo estaba consumado para el 27 de febrero a las 11 de la noche. Se reunieron en la Puerta de la Misericordia y de ahí marcharon a la Puerta del Conde. El entusiasmo era notorio, con el trabucazo de Mella se anunciaba el nacimiento de la República Dominicana. Una patrulla haitiana fue a investigar lo que pasaba y fue recibida a tiros, lo cual provocó la dispersión y deserción de las tropas haitianas. Los revolucionarios no perdieron tiempo, sometieron a varios destacamentos, e incluyeron la toma de las aduanas. Varias comisiones salieron de madrugada a buscar refuerzos, el propio Tomás Babadilla partió hacia Monte Grande a llevar las buenas nuevas para las poblaciones que no estaban enteradas. Ya al día siguiente se recibían las adhesiones de las diferentes comunidades. El 28 de febrero en la madrugada se conformó una Junta Gubernativa, presidida por Sánchez. Ese mismo día en horas de la mañana fue sustituida por una Junta reformada, llamada Junta Central Gubernativa, cuyo presidente fue Tomás Bobadilla, elegido sin estar presente. Resultó ser una maniobra del cónsul francés Saint-Denis, quien tuvo un protagonismo excepcional en la capitulación del Gobierno haitiano en la República Dominicana; para esto contó con el apoyo de los conservadores proteccionistas. Las autoridades haitianas salieron el 29 rumbo a Haití en tres embarcaciones, los demás se fueron retirando a su país. Se les ofreció respetarles sus bienes si deseaban quedarse. Duarte llegó al país el 14 de marzo en la noche y desembarcó el 15 en la mañana. Se le dio rango de general.
El 28 se decidió el destino de los liberales duartianos. Primero fueron desplazados de la Junta Central Gubernativa a puestos de menor importancia, hasta que terminaron expulsados como traidores por Pedro Santana al oponerse Duarte a la ejecución del Plan Levassur, cuyo objetivo era la sustitución de la república por un protectorado con Francia. Duarte acusó a la Junta de reaccionaria y entreguista, y propició un golpe de Estado revolucionario el 9 de junio de 1844, que designó a Sánchez como presidente. El 12 de julio Santana dio un contragolpe y expulsó del país a Duarte, Sánchez, Mella y a varios partidarios de Duarte.
La historia dominicana es de sacrificios y luchas. Sus forjadores fueron los más sufridos, verdaderos mártires de la Patria. Las mujeres corrieron con la misma suerte que los hombres. María Trinidad Sánchez fue fusilada por defender la libertad y soberanía de la república.
Mantener nuestra República costó muchas vidas y sacrificios. Se luchó contra los haitianos desde 1844 hasta 1856, pues ellos no nos aceptaban como una nación con un Estado soberano.
Sin la nación no se concretizaba la independencia.
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